Opinión

Como cada  Domingo   

Como cada  Domingo   

Luis Adames, periodista, nos ha dejado huérfanos de su voz, su mirada, su contagiante espíritu de alegría y su intuitiva inteligencia, nos ha dejado, de pronto, sin advertir lo que pasaría.

Cuando se recibió la noticia, ayer sábado en la mañana, no podíamos creerlo. A sus 49 años, la vida parecía hacerse injusta al cobrar una existencia tan productiva, con tanto espíritu de superación y con un desempeño laboral que poca gente sería capaz de soportar.

Luis Adames era el correo de El Nacional. A su correo electrónico llegaban todos los reportajes, noticias, crónicas, informes, denuncias, cables internacionales, fotografías, documentos.

Adames creó su propio sistema de organización profesional para llevar un registro de lo que le llegaba, de lo que tenía valor noticioso, de lo que, a su juicio, lo que le demanda un conocimiento general y a fondo de todo (deportes, sociales, economía, turismo, judiciales, policiales, fotos del más variado tipo), para proceder a gerenciar el material. Tenía que lograr la traducción de los  textos en inglés de noticias que le parecían interesantes o pedir ayuda a quienes pudiera, a fin de presentar las propuestas de contenidos al director, Radhamés Gómez Pepín.

Era el centro de la presión de todo el que mandaba un correo y que aspiraba a que él lo recibiera y procesara de inmediata para su publicación (quimera inútil) a seis columnas en la primera página, dado en insaciablemente egoísta criterio de cada quien al valorar al máximo lo enviado. Luis Adames era el primer paso para dar a cada contenido su justa dimensión noticiosa, lo que le demanda de una crítica formación profesional.

Pero Adames era además el animador de la redacción. Los días 15 y 30, grito de guerra era ¡”Tan pagando. Bajen al cajero” “!Hoy se bebe” decía en broma como forma de anunciar que se podía bajar a procurar el quincenario salario de cada quien.

Adames era capacidad, amistad y alegría. Sentido del humor e inteligencia natural, a lo que se agrega su espíritu de desarrollo personal. Llegó a El Nacional para ser chofer de periodistas y terminó siendo el editor de la página web de este medio, su encargado de cables y asistente de primera mano del director Gómez Pepín.

Tenía toda una vida por delante. Y un gran futuro profesional y familiar.

Hay eventos que uno no los entiende.

Siempre le habremos de recordar.

El Nacional

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