Este martes 22 es la gran fiesta del arte popular y clásico dominicano.
Ese día se entregan los Premios Casandra 2011.
Ayer sábado los cronistas votaron.
Y es de suponer que lo han hecho con integridad y objetividad, dentro de la objetividad que permiten los juicios, la apreciación subjetiva y la seriedad que implica el derecho al voto en Acroarte
La membresía de Acroarte y los jurados especializados tienen su veredicto que será dado a conocer en la ceremonia, fijada para la noche del martes en el Teatro Nacional.
El Premio Casandra, en sus 26 años de existencia, ha logrado transformarse en la única y principal opción de reconocimiento al arte dominicano.
El premio se encuentra actualmente en un periodo crucial: los días previos y posteriores a la ceremonia.
Hay que cuidar ese premio.
Hay que ponerla por encima de intereses y tensiones.
Hay que darse cuenta de que ese galardón no puede enjuiciarse en el juego que determina quien patrocina.
El Premio Casandra es una institución pública.
No depende de los aprestos electorales entre sus miembros.
El Premio Casandra es un patrimonio del país.
Su veredictos, que se conocerán el martes, puede que no agraden a todo el mundo, particularmente a quienes no lo reciban.
El Premio es Nacional.
El Premio es una realidad parte del patrimonio público.
El Premio debe ser preservado.
Cuidado.
Mimado.
Reforzado en cualquier aspecto de deficiencia.
No puede ser una carta en el rejuego electoralista interno de Acroarte.
Los artistas son juzgados en base a su trabajo. No se toma en cuenta para quien trabajan.
El Premio puede ser mejor de lo que es. Puede crecer más. El camino es impulsar ese perfeccionamiento.
El Premio Casandra es del país.
Es una institución pública.
El reto frente al Premio Casandra es respetarlo.
Darle el trato que merece.
El respeto que merece.
La importancia que merece.

