El presidente de la Junta Central Electoral (JCE) ha advertido que faltan mil 500 millones de pesos para financiar el montaje de las primarias simultáneas programadas para el 6 de octubre de este año, un grave problema difícil de resolver.
Aunque el doctor Julio César Castaños Guzmán alberga esperanza de que el Gobierno aportará ese significativo monto, prevalece el temor de que la JCE se obligue a organizar esos comicios con los dos mil cien millones asignados en el Presupuesto General del Estado.
Llama la atención que conforme a lo estimado por el titular de la JCE las primarias abiertas costarían unos tres mil 600 millones de pesos, lo que sumado a la inversión que deberá realizarse para organizar las elecciones generales de 2020, ofrece una idea de lo mucho que cuesta la democracia.
Se creía que la partida de mil 600 millones de pesos consignada a los partidos políticos se integrarían al esquema organizativo de esas primarias, pero resulta que el órgano de elecciones requiere de un adicional de $1,500 millones.
La Ley de Partidos consigna la celebración de primarias abiertas o cerradas como garantía para que la membresía de esas organizaciones y la población en sentido general escojan los candidatos a puestos electivos a través de procedimientos sanos y transparentes, pero no como escenario para promover dispendio.
Otro escollo que obra contra la posibilidad de que el Gobierno pueda aportar ese adicional sería el criterio de algunos juristas de que se violaría la Constitución, dado que el Ejecutivo ni el Congreso pueden violar la Ley de Presupuesto que consigna para esos fines $2,500 millones.
El doctor Castaños Guzmán ha adelantado que la JCE emitirá una resolución que fijaría un tope en el gasto de los precandidatos, pero aún no se sabe el destino cierto y transparente de los mil 600 millones de pesos consignados a los partidos.
La Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas procura consolidar el derecho ciudadano a escoger candidatos en primarias abiertas o cerradas, y a elegir libremente en las elecciones generales, sin que esos eventos se conviertan en piñatas o ferias del derroche. Hay que rascarse con propias uñas.

