La gran abstención registrada en las recientes elecciones no es algo sorprendente, pues está demostrado que son las presidenciales las que concitan mayor entusiasmo.
Sin embargo, hay un factor digno de tomar en cuenta, y es que en cualquier proceso electoral la abstención tiene un gran ingrediente de disgustos, sea porque los candidatos no sean del agrado de los electores por la falta de propuestas o por la situación general del país.
No hay que durante el pasado proceso electoral surgieron voces juveniles de gran impacto que llamaron al pueblo a votar por una figura ilusoria, que denominaron Ninguno, basándose en el supuesto de que ningún candidato merecía el voto. En vista de que la Junta Central Electoral no aceptó poner en la boleta de votación el nombre de Ninguno, como pedían grupos de jóvenes organizados, es posible que la campaña que auspiciaron desalentara el voto.
Naturalmente, son especulaciones, pero lo que sí es posible es que en un futuro no lejano, con tanta apatía expresada, pueda surgir un líder o un movimiento político que cree las expectativas necesarias para que la gente vote por él. Si solamente aproximadamente sólo votó un cincuenta por ciento, no se diga que los ganadores infligieron a los perdedores una derrota aplastante. Esto podría ser aceptado si la votación superara el 60 por ciento.
En el principal partido de oposición existente, reina una rebatiña por posiciones internas y externas de Poder, no se percibe que haya por ahora un líder que pueda fortalecer esa organización política, un José Francisco Peña Gómez, por ejemplo.
En el extremo opuesto, aunque también hay aspiraciones en la lucha por encabezar una candidatura presidencial, por lo menos imperan la disciplina y un liderazgo que internamente será difícil superar.
Sin embargo, en la vida de los hombres y de los pueblos todo tiene su final, de manera que solo bastará que llegue la hora para que se concretice otra nueva fuerza política, con un verdadero liderazgo.
No es posible que cada cuatro años solo se hable de corrupción.

