Monte Grande.La actual temporada ciclónica obliga a reflexionar sobre diversos aspectos de la seguridad ciudadana, muchos de los cuales tienen que ver con las obras de infraestructura. Como todos sabemos, en el país hay zonas muy vulnerables debido a la precariedad de las viviendas construidas a orillas de ríos y cañadas, cuando no en zonas que resultan inundadas por las grandes crecidas de los ríos.
Es el caso de numerosas comunidades en el Suroeste, tradicionalmente afectadas en épocas ciclónicas, especialmente aquellas que están bajo la influencia del caudaloso río Yaque del Sur, cuyas crecidas extraordinarias han ocasionado pérdidas multimillonarias y también de vidas.
Solo basta recordar las inundaciones en Barahona, Vicente Noble, Tamayo, Los Jaquimeyes y otras localidades para darnos cuenta del gravísimo problema que representa el Yaque del Sur por no haber infraestructuras que controlen sus grandes desbordamientos durante las épocas ciclónicas. La cuenca del Yaque del Sur es la segunda en importancia en la República Dominicana, con una extensión de aproximadamente 5.000 kilómetros cuadrados, distribuidos principalmente en las provincias de San Juan, Azua, Baoruco y Barahona. El Yaque del Sur es el río de mayor pendiente o inclinación del país, lo que determina que hace aumentar el potencial de daños, por lo que es necesario controlarlo.
La construcción de la esperada presa de Monte Grande es lo único que puede contener los estragos en el Suroeste.
Este proyecto, que resolvería grandes problemas, entre ellos el principal, que es el control de las aguas del Yaque del Sur, que en los períodos de ciclones inunda los pueblos del Valle de Neiba. Con el paso del ciclón Georges en 1998, Tamayo quedó prácticamente bajo las aguas por las crecidas extraordinarias.
Con la presa se aprovecharían las aguas del Yaque del Sur, incorporando a la producción más de 400 mil tareas (no 300 mil como se ha dicho) del Valle de Neiba, en incluso la zona de El Salado, sitio inhóspito pero con posibilidades para diversos proyectos. La obra también tiene el potencial de surtir por gravedad el acueducto del Suroeste, actualmente por bombeo y con consumo de petróleo caro, además de que producirá entre 15 a 20 megavatios de energía eléctrica limpia y barata.
La presa de Monte Grande fue una promesa de campaña cuando Hipólito Mejía intentó reelegirse en el año 2004, pero el entonces director del Indrhi no le concedió prioridad, a pesar de firmes ofertas de financiamiento mexicano. En la pasada campaña, el presidente Leonel Fernández hizo una promesa parecida, que parece podrá concretizarse cuando el Congreso apruebe el préstamo.
Sabemos que cada año el país está frente a los riesgos de los ciclones. Hay que actuar para minimizar esos riesgos, en este caso los relativos a la región Sur, que año tras año es afectada por no contar con las obras de infraestructura hidráulicas necesarias que además son fundamentales para el desarrollo económico de nuestro país, con el aumento de la producción de alimentos derivados del riego y la satisfacción de necesidades humanas, como son los acueductos.
La posposición de la presa de Monte Grande es un grave error técnico e incluso político, porque resulta que esa obra dará una vitalidad extraordinaria a una de las regiones más empobrecidas del país, siempre esperanzada en que los Gobiernos vayan en su auxilio.
Confiamos en que lo que resta de Gobierno al presidente Fernández, esta obra será una realidad, con lo cual hará historia, puesto que son cientos de miles los dominicanos del Suroeste que siempre se lo agradecerán, como también el país mismo por tratarse de una obra que contribuirá de manera determinante a mejorar sus condiciones de vida.
Promesa de dos campañas
La construcción de esta presa fue una promesa incumplida del ex presidente Hipólito Mejía. Estaba en su programa de Gobierno pero nunca la ejecutó.
También el presidente Leonel Fernández aseguró en su mandato anterior que realizaría la obra, pero ahora le deja caer esa promesa al Congreso.

