Opinión

Convención del PLD

Convención del PLD

El PLD está políticamente obnubilado. La borrachera de poder, consecuencia de sus victorias electorales, lo tienen despreocupado y, en consecuencia, desinteresado en analizar a profundidad las lecturas que vienen dejando acontecimientos en los que, si bien es cierto que ha cosechado resultados cuantitativos favorables, no menos cierto es que tras los mismos se escudan alertas que, de no ser, como no han sido, atendidas con seriedad, podrían hacerlo despabilar de la forma menos agradable posible en materia política, que es con la pérdida del poder.

 De las últimas elecciones congresuales y municipales, por ejemplo, prefirieron quedarse con la parte cosmética del asunto, que fueron los senadores que obtuvieron, sin reparar en otras variables que dejan muy mal parado al PLD y que, lejos de haberse subsanado, se han incrementado, con todas las perspectivas negativas que eso pudiese significar para su futuro inmediato, el cual, tendrá su punto culminante en las elecciones nacionales del próximo año.

La actual dirección peledeísta ha permitido que la estructura organizativa de la entidad se haya convertido en una maquinaria disfuncional, sólo activada a los fines electorales, con excepción de una cúpula que asume todos los poderes y que se siente en capacidad de suplantar la voluntad de toda la matrícula partidaria.

El PLD de antaño, resumen de la expectativa de cambio hacia una nación distinta al proyecto inconcluso que data de 1844, ha terminado igualado a las fuerzas que, instaladas en el poder, se han convertido en recicladores  de prácticas responsables de que este país no exhiba una solución a las problemáticas que lo agobian. El camino elegido sirve a corto plazo para conquistar el poder y atiborrar de plata las faltriqueras de unos pocos, pero al mismo tiempo expulsa desprestigiado del Palacio, donde sólo retornas por la combinación fatal que padecemos de la ausencia de alternativas y la cortísima memoria ciudadana.

En este momento, dentro del círculo vicioso de entrada y salida de los mismos intereses teñidos de colores diferentes, el PLD está en la fase de despedida, afectado por esa penalización temporal que los dominicanos aplicamos a los desgobiernos, para incurrir en el absurdo de colocar la mirada en quienes apenas ayer fueron destinatarios de idéntico tratamiento. Ninguna nación que actúe de esa forma abandona su trágico destino.

Pese a todo parecer perdido en el PLD, el 33% que marcó “No” en su convención, es un clavito molestoso en el calzado partidario.

El Nacional

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