El congreso elector que efectuó el PLD deja lecciones que si esa organización quisiera analizar con espíritu crítico y constructivo, le produjera honda preocupación. Esos elementos con vocación de encender las luces rojas de esa entidad, se ponen de manifiesto en las dos vertientes que tuvo el proceso: La elección del candidato presidencial y los resultados del plebiscito para decidir la continuidad o no, por cinco años, de las autoridades partidarias.
En lo que respecta al primer elemento, el factor negativo tiene su manifestación en la escasísima participación de miembros y simpatizantes empadronados que el evento fue capaz de concitar, concretizándose, de esa forma, el riesgo que eso significaba, tal como el propio candidato electo lo había advertido, al hacer vehementes exhortaciones a la integración, llegando incluso a afirmar que prefería salir victorioso con un porciento menor respecto de un gran universo, antes de que eso se produjera en sentido contrario, tal como terminó sucediendo.
Nadie debe hacer caso a las cifras ofrecidas, porque las mismas están evidentemente manipuladas y ha sido mayoritaria la reacción de la opinión pública en el sentido de la falta de relación entre los números anunciados y lo que pudo observarse durante la realización de la convención.
Todo tiene antecedentes. El poder y la victoria no analizada del certamen congresual y municipal, impiden que el PLD valore lecciones esenciales
La dirección del PLD está consciente del peligro de ofrecer las estadísticas auténticas del proceso porque, por un lado, pondría de manifiesto el pésimo momento por el cual está pasando en lo que a ascendiente popular se refiere, y por el otro, se colocaría en una posición de desventaja frente a un adversario que hizo su actividad con una concurrencia que no dejó dudas de su contundencia cuantitativa, y eso sería fatal como punto de partida de una campaña en la cual, de entrada, las encuestas revelan una circunstancia desfavorable para el partido gobernante.
Eso también desmerita al candidato que se sabía puntero desde el inicio. El resalta su capacidad de unificar la organización, pero eso se devalúa en la medida que se sabe que no pudo convertirse en un movilizador de multitudes para hacer de su elección una expresión de respaldo masivo que expresara sin vacilación su potencialidad para la decisiva batalla del 20 de mayo.
Todo tiene antecedentes. El poder y la victoria no analizada del certamen congresual y municipal, impiden que el PLD valore lecciones esenciales que están transmitiendo los acontecimientos. Eso parece advertirlo el 33% que votó por el No, como veremos el martes.

