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Efraim Castillo

¿Y el boschismo? 2

El nombre del nuevo partido fundado por Bosch obedeció a las correspondencias dialécticas de una articulación histórica en que Estados Unidos y la Unión Soviética se disputaban el liderazgo internacional y el vocablo liberación contenía la noción de protesta y libertad.

Y de ahí —que nadie lo dude— surgió el nombre Partido de la Liberación Dominicana [PLD], un organismo que según Bosch lucharía por alcanzar la ansiada autonomía del país, esa independencia absoluta que anhelaron Duarte y los trinitarios a partir del 1838 y que, desde entonces, los dueños del mundo y sus corporaciones lo han impedido para continuar engulléndose el planeta a su antojo.

La membrecía inicial del PLD quedó integrada por José Joaquín Bidó Mejía, Antonio Abreu, Rafael Alburquerque y un grupo de dirigentes perredeístas que Bosch consideró desgarrapatados e inmaculados, entendiendo que éstos le ayudarían a construir una nueva República Dominicana.

Demás está decir que ese grupo fundador se estructuró entre aquellos que habían leído y asimilado el discurso de la historia dominicana y sus procesos políticos a través de los diez textos que Bosch escribió entre 1964-71; y para sellar la alianza partido-militancia, se creó un lema cuya facundia serviría de leitmotiv, algo así como un recordatorio invariable para expresar que el fin buscado no era el bienestar individual, sino el social: “Servir al partido para servir al pueblo”.

Para singularizar la simbología del partido, Bosch escogió un color que ningún partido tenía, el morado, que recordaba al Sacro Colegio del Vaticano; y a la bandera le insertó una estrella dorada, comenzando ésta a ondear apoyada por una singular y atractiva ideología, cuya militancia se ufanó en ser la única capaz de sacar de la pobreza al país y resolverle sus problemas de agua y electricidad.

Sin embargo, lo más importante del PLD fue su estructura orgánica, cimentada en círculos de estudios, comités de base, núcleos de trabajo, direcciones medias, un comité central y un poderoso comité político; una verdadera nomenclatura granítica cimentada en una disciplina que se apoyaba en el voto orgánico.

Como una característica diferencial respecto a los demás partidos del sistema, Bosch inició una estrategia nacional de exclusión política: el PLD representaba lo puro y honrado debido a que las demás agrupaciones configuraban lo non sancto, la corrupción.

Y a través del órgano periodístico de la entidad, Vanguardia del Pueblo [fundado en agosto, 1974], se expresaba “no sólo lo que el partido pensaba, sino lo que el partido quería que se dijera”, ya que era su instrumento político y rendía “la misma utilidad que un serrucho en las manos de un carpintero, un bisturí en las manos de un cirujano o una máquina calculadora en las de un contable” [Vanguardia del Pueblo, No. 24].

Esa inteligente diferenciación moral que estableció Bosch en el país llevó al PLD a publicar un álbum de la corrupción en noviembre de 1981, cuya tirada alcanzó alrededor de ciento cincuenta mil ejemplares y allanó el camino del boschismo hacia el poder.

Por: Efraim Castillo
efraimcastillo@gmail.com]

El Nacional

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