Articulistas

Convergencia

Convergencia

Efraim Castillo

1 de 2

Según el Merriam-Webster’s English Dictionary Online (2021) la palabra jingle, de origen inglés, tiene varias acepciones, pero sólo tres la definen desde el punto de vista histórico: a) rimar o sonar de una manera repetitiva y pegadiza; b) una repetición pegadiza de sonidos en un poema; y c) un verso corto o una canción marcada por una repetición pegadiza.

Por eso, a la canción One Horse Open Sleigh del 1850, compuesta por James Pierpont, le anexaron en 1857 las palabras jingle bells, debido a la insistente repetición de algunas de sus estrofas, quedando su nombre en Jingle bells, One Horse Open Sleigh.

Cincuenta y tres años después la publicidad utilizó por primera vez un jingle en una campaña, aprovechando la aparición de la radiodifusión como medio de comunicación en la segunda década del Siglo XX..

Así, el primer jingle grabado salió al aire en 1920; una cancioncilla creada para los calcetines Interwoven Socks, cantada por los Happyness Boys, un dúo integrado por el tenor Billy Jones y el bajo-barítono Ernest —Ernie— Hare (Judith Sala Costa: Del jingle a las canciones pop: Una aproximación al uso de la música en publicidad, 2009).

El jingle para los calcetines Interwoven Socks se convirtió en un éxito instantáneo y creó un estrecho maridaje entre música, voz humana y mensaje publicitario, contagiando a los medios de comunicación que surgirían luego: el cine sonoro, en 1927, y la televisión, desde finales de los treinta.

Aunque el tempo de una canción (usualmente de 32 compases) la determinó la duración de la música en el acetato de 78 rpm, el del jingle fue medido por los espacios de los programas en que se insertaba y, dependiendo del ritmo de la música, su tempo promedio fue de ocho a doce compases y tres frases.

En mi libro Sobre publicidad dominicana (Efraim Castillo: Sobre publicidad dominicana. Biblioteca Taller 55, 1979) me atreví a especular sobre el origen del jingle y escribí lo siguiente, tal vez motivado por un ciclo existencial en que la ficción sobrevolaba en mí por sobre todo lo demás:

“Esos benditos sonidos musicales acompañados de una letrilla pegajosa, brillante y elaborada pensando en que debía repetirse y aprenderse para impulsar al sujeto envuelto en la historia (el producto), a los que los publicitarios llamamos ‘jingle’, tienen su origen en el roce constante de los estribos y el engranaje de la carreta, así como en el ritmo del galopar y el tintineo de los cascabeles colgados al cuello de los caballos, lo que produce un amigable sonido a los jinetes y conductores durante la travesía, inspirándolos a entretenerse creando estribillos con aquella percusión abierta a sus oídos”.

Como todos los fenómenos estéticos, el jingle —como tintineo, como percusión reiterativa o recurso poético—, surgió como un estribillo musical cuyo acompañamiento nos conecta y relaciona con un nuevo mensaje, o a la metáfora de Nassim Nicholas Taleb del cisne negro (2008), ya que “no todos los cisnes son blancos”.

Por: Efraim Castillo
efraimcastillo@gmail.com

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación