El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) primero montó un eficiente sistema de corrupción Estado-partido que le sirvió para convertirse en una entidad muy rica, con fondos, empresas y negocios propios; con alcancías, cobro de peaje a funcionarios y empresarios beneficiarios de sus concesiones lícitas e ilícitas y a una parte de su clientela insertada en el Estado.
Ese sistema resultó vulnerable al enriquecimiento personal de sus componentes, dado que sus administradores dispusieron de amplias posibilidades para, al tiempo de enriquecer al partido, enriquecerse a sí mismos/as.
Eso explica la cantidad de jerarcas del PLD que hoy detentan fortunas procedentes de la nada, usadas para una vida opulenta y para ampliar su poder partidario.
Fortunas colectiva e individuales se unieron para hacer del PLD un aparato corrompido y corruptor y para transformar su quehacer político en comercio politiquero y mecanismo de intermediación entre gobierno, generales enriquecidos, consorcios extranjeros, oligarcas, nuevos ricos y narco-mafias; palanca además manipuladora de militantes y afiliados convertidos desde su pobreza en simples clientes.
El PLD devino así en una compañía por acciones bien estructurada e inicialmente compartida entre varios grupos de accionistas tutores de una gran clientela.
Mas tarde, por su mayor capacidad para acaparar la mayoría de las acciones -aunque también por sus propias habilidades, talento, capacidad de engaño, verbo sobresaliente y astucia política- Leonel Fernández pasó a ser el gran dueño de ese partido privatizado, con un aventajado poder en el Estado-gobierno que le ha facilitado erigirse en su nuevo caudillo.
Leonel no es un líder popular, ni siquiera populista. Es un jefe manipulador de un gran aparato y una enorme clientela. Un caudillo post-moderno, mercantilizado, producto además de su capacidad de simulación- de sus recursos mediáticos, del dinero disponible, del clientelismo modernizado y de la corrupción concentrada. Y si le quitan esas nutridas alfombras, se desploma Igual le pasaría a otros dirigentes del sistema con características parecidas.
Esto explica por qué tanto circo alrededor de Sobeida (degradado producto de la pobreza corrompida, chivita jarta de jobo, instrumento sexual y pieza manipulada por narco-mafias insertadas en el sistema dominante), y tantísimo silencio sobre la pele-corrupción y los jorocones de este narco-estado.
