Opinión

Corrupción endémica

Corrupción endémica

Es el término empleado de forma reiterativa por los distintos embajadores de los Estados Unidos a lo largo de los años (y gobiernos) para referirse a las actuaciones del país, sus ciudadanos, líderes políticos y empresariales, según nos indica WikiLeaks en los cables publicados, ya en su totalidad. Quizás lo más triste de todo esto es que no tenemos argumentos para demostrar lo contrario.

 Hablar de corrupción endémica es sugerir que un país y su gente tenderán a ser irremediablemente corruptos debido a las condiciones del ambiente que les rodea. No parece importar en ese escenario quien asuma o no un puesto de importancia en cualquiera de los sectores que inciden en el día a día nacional. Las probabilidades indican que todos actuarán como corruptos en la búsqueda desmedida de beneficios.

 Los representantes estadounidenses en nuestro país son expresivos respecto de la corrupción rampante en toda la clase política, militar y empresarial, siendo adicionalmente extensiva a las asociaciones sin fines de lucro, sindicatos e importantes grupos de la llamada “sociedad civil”.

 Es francamente vergonzoso leer los relatos de los embajadores respecto de fraudes cometidos hasta por Ligas Infantiles de Béisbol y grupos musicales con sus solicitudes de visa, o el control predatorio de pequeños grupos empresariales de sectores completos de la economía.

 Es evidente que para los intereses de  Estados Unidos en la región, la corrupción endémica de la República Dominicana no representa una traba esencial. Aunque un giro en vía contraria evidentemente sería deseado, no solo lucen convencidos de que este sea improbable, sino que no pretenden poner mucho esfuerzo en que se produzca, tratando cada situación, especialmente si afecta a sus nacionales, caso por caso.

 Y a esa realidad es que despertamos los dominicanos todos los días. Poco empleo o empleos de baja remuneración debido al control sofocante de los pocos empresarios a sus mercados, control que aseguran mediante la corrupción rampante dentro del Estado, plagada de políticos electos con campañas financiadas en parte, a plenitud de conocimiento o por ignorancia consciente, con dinero del narcotráfico, que subsiste en gran medida gracias a la corrupción y participación activa de nuestros propios militares y fuerzas del orden que adicionalmente aúpan o auxilian a políticos electos que manejan negocios de tratas de personas, expropiaciones, etc.

 Si tan solo se limitara a eso, quizás no fuera problema, pero eso pica y se extiende a la probable realidad de que esa persona que se sienta al lado suyo en el carro público, el que camina detrás suyo en la acera, el que se sienta en la mesa del otro lado del café, todos pueden ser unos corruptos.

La ventaja de ser un embajador es saber que eventualmente su misión terminará y podrá volver sin contratiempos a su país natal. Que se supone que hagamos nosotros, los que nos quedamos aquí, contra una corrupción hoy ya evidentemente endémica?

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación