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Corrupción y gestión

Corrupción y gestión

Oquendo Medina

Primero fue mi padre y luego mi maestro Juan Bosch. Ambos me enseñaron a rechazar el fenómeno de la corrupción sin importar quién la realice ni el litoral político de su procedencia. Toda conducta inapropiada e inmoral debe ser condenada sin pensarlo dos veces, y más si va en detrimento de la colectividad.

De manera fundamental, la administración pública debe estar siempre, y bajo cualquier circunstancia, al servicio de la ciudadanía. Y, por supuesto, nunca para permitir que acciones dolosas, cometidas por funcionarios sin valores, empañen su papel servicial.

Cuando esto último sucede entonces los corruptos y los corruptores se convierten en agentes auspiciadores de la pobreza de la nación, al apropiarse de los fondos públicos.

De hecho, es precisamente por el mal comportamiento de esos funcionarios que existe la percepción de que la gran mayoría de las personas que ocupan posiciones de importancia dentro del tren gubernamental llegan a la administración pública para enriquecerse y nunca para servir.

Lo verdaderamente correcto sería que todo servidor público, sin importar jerarquía administrativa, actuase apegado a los principios éticos, de honestidad, eficiencia, eficacia, rendición de cuentas y de transparencia en el ejercicio de sus funciones.

La corrupción administrativa es un auténtico fastidio para el crecimiento y desarrollo de nuestra sociedad. Y la misma debe ser condenada provenga de donde provenga. Ya sea de un amigo cercano o lejano, de un compañero o compañera de su partido o de cualquier otra organización política. Queda dicho.

Por: Oquendo Medina

oquendomedina@hotmail.com

El Nacional

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