Por Yemeli ORTEGA
MEXICO, (AFP) – La Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) escuchó este martes en México el testimonio de William Medina, un «dominicano» que acusa a su propio país de expulsarle a Haití por cuestiones raciales y a quien ahora el miedo impide regresar a su tierra.
De acuerdo con el caso Tide Méndez presentado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Medina y otras 26 personas, 17 de ellas menores de edad, fueron expulsadas entre 1994 y 2000 de República Dominicana al vecino Haití pese a que 22 de ellas eran formalmente ciudadanos dominicanos.
«Algunos de ellos contaban con documentos que acreditaban su condición (de dominicanos), pero no tuvieron oportunidad para exhibirlos. Para los que lograron mostrar sus documentos, ellos les fueron destruidos al momento de la detención», explicó ante la Corte Felipe González, representante de la CIDH.
Todas las víctimas del caso «fueron deportadas arbitrariamente en el marco de una política migratoria que operaba de facto y que se basaba, no en criterios objetivos, sino en el perfil racial de las personas», argumentó.
El Estado dominicano no ha tomado medidas para restituir los derechos violados e incluso su Tribunal Constitucional tomó una decisión el 23 de septiembre que «podría tener el efecto de desnacionalizar retroactivamente a miles de personas», abundó el representante de la CIDH, frente a casi 1.300 personas que asistieron a la primera jornada de la audiencia, celebrada en la Biblioteca José Vasconcelos de la capital mexicana.
¡A Dominicana no vuelvo «ni por la muerte!»
William Medina Ferreras, uno de los dominicanos que fue expulsado de su propio país, narró su traumática experiencia ante la Corte con un atropellado español y a veces con un nudo en la garganta.
Este agricultor relató que una madrugada de enero de 2000 siete militares y agentes migratorios irrumpieron en su casa y se lo llevaron por la fuerza junto con su esposa y tres hijos para conducirlos a la frontera con Haití.
«Yo les digo: ‘no soy haitiano, ¿para qué quieren repatriarme a mí? La única haitiana que tengo en mi casa es la esposa mía’,» recuerda que les dijo a los agentes, que le respondieron: «Tú tienes color moreno, tú eres haitiano también».
Medina, de 47 años, perdió su casa y los animales de granja que tenía. Ya en Haití, el agricultor tuvo que enfrentarse a un idioma que desconocía, a una vida dedicada a la limosna y a la muerte de una de sus hijas.
Carolina tenía «una gripa un día antes (de la deportación). Ellos llegaron violentamente y le abrieron la puerta con la culata del rifle que tenían. La niña estaba durmiendo, tenía cinco años, se asustó. Entonces, la brisa del aire le dio a la niña frente a frente, de ahí le atacó una enfermedad, le dicen ataque epiléptico», relató.
Ya en Haití, «no sabía lo que iba a hacer, porque no tenía con qué llevarla al médico (…) y se me murió en las manos», dijo con un rostro sombrío.
Su otra hija, Wilda, fue atropellada por un vehículo que le partió ambas piernas.
A pesar de su dura vida en Haití, Medina se rehúsa a regresar a su tierra natal pese a tener la posibilidad legal de hacerlo, pues cuenta con todos los documentos que lo acreditan como dominicano.
«Jamás, nunca, ni por la muerte, por nadie en la vida volvería» a República Dominicana, exclamó.
«Si vuelvo a vivir ahí me van a hacer lo mismo que me hicieron. No quiero que vuelva a pasar», dijo con la mirada baja.
El gobierno de República Dominicana no ofreció su alegato. Las audiencias sobre este caso continuarán el miércoles, aunque no se espera que la Corte dicte un fallo durante este periodo extraordinario de sesiones que se celebra en México hasta el viernes.
La Corte IDH, una institución judicial autónoma con sede en San José, celebra reuniones itinerantes entre los países que conforman la Organización de Estados Americanos (OEA) firmantes de la Convención Americana de Derechos Humanos.
La Corte realizará también en México una audiencia sobre una solicitud de «Opinión Consultiva sobre Niñez Migrante» y el Seminario Internacional «Diálogo Jurisprudencial e Impacto de las Sentencias de la CIDH».
