Este 30 de mayo, llega precedido por hechos como la reciente puesta en circulación de un libelo trujillista firmado por Angelita Trujillo y el suicidio de Luis José León Estévez, ex esposo de Angelita, ex coronel de la Fuerza Aérea, y torturador. (A esta última palabra no le sienta bien el prefijo ex).
El suicidio, su motivación y circunstancias, interesan más a la psiquiatría que a la política.
No se puede decir lo mismo, sin embargo, del hecho de que los Trujillo pretenden hacerse visibles en la política, desvelar sus inversiones y multiplicarlas, protegidos por la impunidad que ha permitido hacer lo mismo a figuras que, como el propio León Estévez, han colaborado con la sustentación del autoritarismo, el entreguismo y la estafa política.
Los adultos jóvenes (nietos y sobrinos nietos del dictador), se presentan como entes ajenos a la dictadura, pretendiendo borrar de la memoria colectiva que crecieron como oligarcas con los recursos que su abuelo acumuló sembrando luto.
Los más viejos, utilizan como pretexto el descrédito de ciertos antitrujillistas y la corrupción de la camada de herederos de Joaquín Balaguer.
La imagen de Antonio Imbert Barrera como servidor de la intervención yanqui, y la corrupción de políticos de nuevo y viejo cuño, no desnaturalizan, sin embargo, el rechazo a los personeros del trujillismo y a su pretensión de legitimarse.
El objetivo fundamental de la intervención del poder estadounidense en el derrocamiento de Rafael Leonidas Trujillo, fue mantener el control de las instituciones y preservar a los colaboradores de la dictadura que, como Joaquín Balaguer, eran potenciales protagonistas del proceso de unificación de los sectores oligárquicos.
Para mantener la unidad en la clase dominante, fue impulsado el pacto de impunidad, que ha beneficiado a los Trujillo, (León Estévez se castigó con su mano) pero ellos buscan hacer mayor ese beneficio.
Pretenden participar sin disfraces en la política y reconquistar sus privilegios. Es deber de conciencia oponerse de manera consciente a esta pretensión.

