POR: Pedro P. Yermenos Forastieri
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Crear no es innovar (2)
En tres ejes fundamentales sostengo mi tesis de que el ayuno de silencio que llevó a cabo Guillermo Moreno podrá constituir un mecanismo creativo, pero no innovador. Lejos de dejar lecciones positivas, arroja balance negativo en lo que debe ser su propósito esencial, que es la lucha política por el poder.
En primer lugar, el motivo ofrecido para la acción, que fue protestar por las sentencias dictadas por distintos tribunales ante la querella incoada por el presidente de Alianza País contra el ex primer mandatario Leonel Fernández y Funglode, pone de manifiesto una obstinación en transitar un camino políticamente equivocado.
Asumir el camino judicial como herramienta política es un error estratégico en cualquier contexto, pero que se maximiza en un escenario con las características del actual poder judicial dominicano, en el cual, las posibilidades de salir airoso en una acción contra tales demandados son más remotas que ascender al cielo provisto de una escalera. Eso es bailar la música tocada por otros.
Lo anterior, sin mencionar el influjo que eso tiene en el descuido de las tareas propias de la política y del activismo que implica desarrollar un proyecto de poder. Llevar un caso de esa naturaleza deja poco espacio para abordar otros temas. Eso no lo puede hacer un dirigente mayor.
En segundo lugar, la acción fue implementada con tal nivel de individualismo, que permite asignarle, sin ser injustos, matices inequívocos de mesianismo y, lo peor, desdén ante la posibilidad de llevar a cabo tareas colectivas en procura de dotarlas de mayor capacidad de repercusión. Allí lo único importante parecía ser la figura de quien ayunaba, reflexionaba y callaba. Eso contenía en sí mismo la garantía de no producir mayor impacto que un pequeñísimo ruido que se extingue rápido. Focalizar todo en una sola persona, mutilaba el potencial de los esfuerzos asumidos por muchos.
El tercer aspecto atañe al carácter conservador que tiene lo que se ha hecho, lo cual pone de manifiesto a un dirigente que, en las riendas del Estado, reiteraría prácticas incorrectas que es preciso extirpar por quien pretenda ser estadista para todos y no presidente para algunos.
Un proceso de ayuno y reflexión en un templo católico, de forma pública, refleja un criterio sectario de la religiosidad de quien aspira a gobernar en la diversidad. No innova quien, con un gesto como este, inútil, proyecta la idea de recibir iluminación divina para trazar la senda.

