faVILLA ALTAGRACIA. La población de migrantes continúa en aumento en esta población, proveniente de las zonas rurales con alto índice de desempleo y escasas oportunidades.
La migración masiva a las ciudades suele desencadenar altos niveles de desempleo y subocupación, cuando el mercado laboral es incapaz de absorber el número, cada vez mayor, de solicitantes de trabajo.
El éxodo ha provocado que en los últimos años se hayan incrementado notablemente los denominados cinturones de miseria, en la periferia del centro de esta ciudad.
Muchos de los migrantes que se han establecido aquí, tienen que desplazarse diariamente a Santo Domingo, en búsqueda de trabajo, debido a que este municipio, que en las décadas de los 60, 70 y finales de los 80 era eminentemente productivo, se ha convertido hasta el día de hoy en una ciudad satélite.
Otra parte de la población migrante está compuesta por mujeres que trabajan en casas de familia y que reciben un bajo salario, que muchas veces comparten con sus parientes que viven en los campos.
Otros migrantes están desempleados, obligando a muchos a vivir en casas de familias y a realizar trabajos independientes como chiriperos o vendedores ambulantes que muchas veces se trasladan a Santo Domingo para poder subsistir.
La mayoría de los migrantes de aquí residen en lugares carentes de los servicios de agua potable, electrificación, sistema de drenaje, alcantarillado, entre otros.
A mediados de la década de los 80, el 50 por ciento de los pobres ha ido creciendo en la zona urbana y descreciendo en la zona rural, debido a la construcción de cientos de viviendas a orillas de la autopista Duarte.
Esos asentamientos sin control que aumentan los llamados cinturones de miserias, obligan a los residentes a convivir en medio del hacinamiento y la insalubridad.
Los pobladores de esos sectores marginados están constantemente expuestos a enfermedades infecto-contagiosas.

