ANKARA. EFE. Turquía ha visto con vergüenza cómo la puesta en libertad de Ali Agca, el terrorista de ultraderecha que intentó asesinar al Papa Juan Pablo II, haya sido convertida en un espectáculo por el reo, sus abogados y los medios de comunicación nacionales y extranjeros.
A su salida de la prisión de máxima seguridad de Sincan (Ankara), un grupo de amigos esperaba a Agca con música de tambores y dulzainas, que normalmente se usan para celebrar festejos y bodas en Turquía, y posteriormente el coche en el que fue transportado fue seguido por un convoy de 150 vehículos cargados de periodistas.
Siete de esos vehículos sufrieron accidentes durante la persecución del convoy y, al llegar al Hotel Sheraton de Ankara, donde se hospeda Agca, los periodistas convirtieron el lugar en un campo de batalla -varias sillas y ventanas resultaron rotas- por intentar conseguir unas palabras de él.
Nada más gritar en inglés que él no era Dios y que el fin del mundo se acerca, Agca se retiró a su habitación del piso 22 y envió a sus abogados a los canales de televisión para que continuasen con el show».
En una nota escrita a mano, el hombre que intentó asesinar al Sumo Pontífice ordenó a sus letrados organizar una conferencia de prensa el miércoles en un salón del Hotel Sheraton o del Hilton e invitar a la prensa internacional ya que hará importantes declaraciones».
Sus abogados han informado de que tras la rueda de prensa, Agca se trasladará a Estambul.

