Opinión

Crisis del 94

Crisis del 94

          La crisis electoral de 1994 constituye un precedente negativo para la democracia dominicana. El PRD ganó esos comicios por unos cuatro puntos porcentuales, pero la JCE del momento desconoció su triunfo y faltó muy poco para el estallido de una tragedia mayor.

          En toda la geografía nacional, sobre todo en la capital y en las 14 provincias del Cibao, se hacían preparativos de respuesta al fraude. Se contaba con una inmensa cantidad de armas de fuego de todos los calibres, bombas y granadas. Algunos planteaban hacer volar el edificio de la JCE el mismo día de la emisión del veredicto.

          Y el licenciado Rafael Flores Estrella, mi extinto amigo, decía que mataría a Balaguer, aunque en el acto él también pierda la vida. Hasta tenía contacto con miembros de organismos de seguridad del Estado que le ofrecían informaciones. Recuerdo que en el campus universitario se celebraron varias reuniones.

          Peña Gómez estaba indignado, pero no convencido de la violencia como alternativa. Peña no quería contradicciones con la Embajada Americana, que abogaba por la salida de Balaguer mediante mecanismos pacíficos. Ahí se produjo el encuentro Balaguer-Peña que terminó con el Pacto por la Democracia, cuyas condiciones y consecuencias ya son historia patria.

          Con el Pacto por la Democracia todo el movimiento revolucionario quedó desactivado. Quizás no fue el mejor precedente, porque estimularía fraudes electorales futuristas, como en efecto lo observamos hoy con preocupación.

          Se dice que el doctor Leonel Fernández,  por temor a ser procesado judicialmente, ha dado instrucciones precisas para que desde la JCE se impida el ascenso al poder político de Hipólito Mejía y Luis Abinader, que aparecen como punteros en todos los estudios de opinión que cumplen con cierto rigor científico.

          El momento es propicio para que los más diversos sectores de la vida nacional aúnen esfuerzos en procura de solución del problema de la JCE. Es de saludar el rol de mediador que  realiza monseñor Agripino Núñez Collado. ¡Que Dios nos libre de las posibles consecuencias de una crisis electoral similar a la del año 1994!

El Nacional

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