Entre tantas y tantas figuras virtuosas del ayer y de hoy, San Cristóbal es poseedora de miles de ciudadanos y ciudadanas de diferentes estratos sociales, que desde su niñez han trillado metas y anchurosos caminos de ejemplaridad y honradez, digno de escribirse con el bronce de la perennidad.
Y hoy me refiero con mucha sinceridad a doña Cristina Puello, amiga entrañable en todos los momentos de mi existencia, quien representa un símbolo de moral, trabajo solidaridad y esfuerzos, vencedora de obstáculos y sinsabores, ostentando un lugar especial en la inmensa mayoría de nuestra cuna de la constitución.
Firme educadora en la moral y la fe católica en Cristo Jesús, quien extiende la savia de la enseñanza, sus experiencias, no solo a sus distinguidos hijos, sino también a una parte de nuestra juventud, Cristina comparte además las vivencias que aquilatan sus razones y pasos por la vida.
Oramos y rogamos al Altísimo por Cristina y su salud, pues siempre la recordamos con devoción y cariño.
¡Ay, cuánto tiempo que no abrazo a mi adorada comadre Sonia y solo la vislumbro a veces cuando tránsito por la cercanías de su residencia! Así al gran Pilili y demás hijos de Cristina, ejemplos de esfuerzo y laboriosidad, Teresa, Vilma, Elías, William, y Alejandro. Porque lo cierto es que Cristina supo criar y enseñar valores que hoy, dolorosamente, están en extinción.
Pronto iré a visitar y saludar a Cristina, a conversar cosas del pasado y del presente, a hablar de nuestro pueblo, de historia y otros temas, y ofrecerle un fuerte abrazo a mi inolvidable comadre Sonia. A conversar también tantas cosas, y a sus demás allegados, pues la ausencia o distancia jamás es causa del olvido, cuando la verdadera sinceridad rubrica las fibras del corazón y las introspecciones del alma humana.
Afable, sencilla, pero firme en sus convicciones, predicando y enseñando la palabra del Redentor, y como su nombre, Cristina, es un caudal de fe, amor y buena voluntad, y fue servidora del Estado con brillantez, capacidad y apego al deber.
¡Cristina Puello!, estandarte de luchas, diáfano vivir, mensajera del bien, madre abnegada y alma de nobleza, y ojala muchos de nuestros conciudadanos. Debíamos contemplarnos en el espejo de esta valerosa mujer, que con su ejemplo, enaltece a sus familiares, a la sociedad y al país.
