Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

Recordábamos en nuestra columna anterior cuando en 1941 nuestro padre, ostentando el rango de primer teniente del Ejército, fue trasladado de la provincia Espaillat, conocida popularmente con el nombre de Moca, a la ciudad capital y una vez allí ascendido a capitán y designado en las funciones, de mando ejecutivo, que mencionamos anteriormente. Cuando nuestra familia se trasladó a Santo Domingo nos mudamos en la calle Martin Puchi, en el barrio llamado San Juan Bosco, en un hermoso chalet pequeño, ubicado, a mano derecha, de Norte a Sur, entre las calles Cachimán y Pepillo Salcedo, como se llamaba entonces la que hoy se llama San Juan Bosco. Al lado de nuestra casa vivían los esposos Caamaño Medina, papá Nelo y mamá Nela, padre del entonces teniente coronel Fausto Caamaño Medina y abuelos del coronel Francisco A. Caamaño Deñó, quien años después sería Presidente de la República en Armas y jefe militar del glorioso Movimiento Militar Constitucionalista fundado por el coronel Rafael T. Fernández Domínguez.

En la esquina Martin Puchi con Pepillo Salcedo vivía la familia Flores Mota,  cuyos padres eran el coronel Tomás Flores y su esposa doña Josefa Mota o mamá Fefita, como le decíamos, tronco de una distinguida familia de profesionales, mujeres y hombres, entre los cuales estaba mi amigo y, muchos años después, compadre, Rafael Flores Mota, alias Felo Flores. Nuestro padre había comenzado hacía tiempo a construir una casa en la calle Doctor Delgado esquina Moisés García, diagonal a la casa de los troncos de Teófilo García y contigua, en la Doctor Delgado, a la casa del coronel Luis Veras Fernández, jefe de la Policía Nacional y esposo de doña Roselia Vicioso.  Antes de un año nos mudamos a esa casa de nuestro padre, cuando en la colina llamada La Generala se encontraba, en el área comprendida entre la Doctor Báez, la avenida México, la Doctor Delgado y Moisés García, el Centro de Enseñanza del Ejercito Nacional y en el lado Este de la colina, la Mansión Presidencial, asiento del Poder Ejecutivo, llamada La Mansioncita, que había reconstruido Trujillo después del ciclón de San Zenón.

Niño, con apenas seis años de edad, el autor de esta columna quedó fascinado, embriagado y emocionado, cuando escuchaba desde las seis de la madrugada la Banda de Música del Cuartel General del Ejercito, que dirigía el primer teniente José Dolores Cerón, interpretando marchas militares, bellísimas, entre las cuales se destacaban las mexicanas “Bodas de Oro” y “Zacatecas”; a las que se sumaban marchas de John Philip Sousa, el famoso compositor estadounidense y las marchas dominicanas “Coronel Trujillo”, de José Dolores Cerón y “Cambronal” de Pancho García.

El Nacional

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