Opinión

Crónica del Presente

Crónica del Presente

Adiós, Miguel
Murió Miguel Cocco Guerrero, Coquito, que son sus nombres de pila y el apodo por el cual lo conocí desde niño. Debo hablar, en primera persona, que no me gusta, pero las circunstancias de la vida me obligan hacerlo. Miguel y sus hermanos, Augusto, Manuel, Pedrito y Patricia, eran los nietos de Miguel Guerrero Pimentel, banilejo, importante empresario en la vida económica del país, porque desempeñaba las funciones de Administrador General del Atlas Comercial Company, poderosa empresa distribuidora de automóviles, representante en la República Dominicana de la General Motors. Miguel y sus hermanos llamaban a su abuelo “Papá Piro” y la madre de ellos, Gisela Guerrero, hija de Papá Piro, los había llevado a vivir a la residencia que tenían sus padres en la calle Danae, entre la Independencia y Lea de Castro, en la parte baja del Ensanche Lugo, incorrecta y absurdamente llamada Gazcue.

Allí crecieron los Cocco Guerrero, bajo el cuidado de su madre y la protección de sus abuelos, de quienes heredaron virtudes y cualidades de gran valor humano que después les permitió a Miguel y a Manuel, que hicieron carrera política, ganarse el afecto, aprecio y respeto, de quienes los trataron. Miguel hizo estudios universitarios, graduándose de sociólogo en la Universidad de Santo Domingo, profesión a la que dedicó muy poco tiempo. Militó en organizaciones de izquierda y se embarcó joven en un laberinto de actividades con grupos radicales, adquiriendo una experiencia política que le sirvió de mucho.

Fundó después la Editora Alfa y Omega que ha jugado un papel excepcional, encomiable, en la vida editorial del país. Hombre de pensamiento y acción, exitoso, Miguel se desprendió, en la realidad de la vida, de las oportunidades y beneficios que su origen social podían brindarle. Se dedicó con firmeza, con seriedad, a las actividades y al negocio de impresión, convirtiendo Alfa y Omega en una empresa de primera categoría. Íntimamente ligado a los movimientos revolucionarios de izquierda que combatían el gobierno del doctor Joaquín Balaguer, conocido con el nombre de “Los 12 años”, fueron tan lejos en sus inquietudes y decisiones, que terminaron algunos de esos grupos, particularmente el de “Los Palmeros”, discutiendo, al parecer planificando, realizar un atentado contra el presidente de la República, que debido a la autoridad e influencia que tenía Juan Bosch sobre Miguel no fue ejecutado.

Su amistad con don Juan y la fascinación indiscutible que el gran maestro político tenía en Miguel y para entonces ya en un importante sector de la juventud madura revolucionaria del país, fue realmente la que auspició y motorizó esa segunda etapa de don Juan en la ampliación y profundización de sus escritos como ensayos de historia más importantes de su fructífera vida. Fue Miguel, o Coquito como me gusta llamarle, quien acomodó las actividades de su vida a la grandeza intelectual y educativa de aquel ser extraordinario, que había comenzado a modificar radicalmente el arte de hacer política en el seno de nuestro pueblo. Entendía a Juan Bosch como muy pocas personas lo comprendieron. Estimuló al maestro a llevar a cabo la tarea más importante en la última etapa de su vida que fue la fundación del Partido de la Liberación Dominicana.

Juan Bosch fundó el PLD en diciembre de 1973, cuando había cumplido 64 años, en una acción políticamente correcta, valiente, honesta, que engrandecía su persona porque había tomado esa decisión abandonando al PRD que había fundado junto a Juan Isidro Jiménez Grullón y Enrique Cotubanamá Henríquez, en 1939 en La Habana, Cuba; y tomó esa decisión bajo su absoluta responsabilidad, convencido total y radicalmente de que ese partido había terminado el papel histórico que debía jugar en la historia de nuestro pueblo y don Juan no se equivocó. Transcurrido el tiempo las razones que lo llevaron a tomar ese camino han quedado justificadas plenamente.

Miguel Cocco jugó por largos años un papel inapreciable en el PLD y en su Editora Alfa y Omega se imprimieron casi la totalidad de las obras de Juan Bosch. Al mismo tiempo en ese proceso difícil, combativo, agresivo y militante del PLD, Alfa y Omega pasó a imprimir el Periódico Vanguardia del Pueblo, vocero oficial del PLD y obra, creación, diagramación y normas conceptuales, productos de los conocimientos y de la alta experiencia del periodismo de Juan Bosch. Fue de las máquinas impresoras de Alfa y Omega de cuyos engranajes rotativos salieron cientos de miles de ejemplares que llegó a alcanzar  56 mil ejemplares semanales; y a Miguel le correspondió también, como dirigente del PLD, ser uno de los que concibieron  el Frente Patriótico Nacional, integrado junto al Partido Reformista,  que auspició la victoria de mayo de 1996.

Adiós, Miguel, hasta siempre.

El Nacional

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