Después del fracaso, en abril de ese año, de la expedición de Playa Girón, organizada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), auspiciada por el Gobierno de los Estados Unidos, encabezado por John F. Kennedy, los funcionarios de esa agencia sediciosa, encargados de ejecutar el llamado Plan ZR/Rifle, en relación con la República Dominicana, que tenía como objetivo principal la muerte de Trujillo, aterrorizados decidieron desactivar la conspiración encabezada políticamente por Modesto y Juan Tomás Díaz y Antonio de la Maza como líder del grupo de acción que ejecutaría el ajusticiamiento. Según testimonios, que merecen absoluto crédito, la propuesta del gobierno estadounidense fue rechazada. Y fue entonces, en los primeros días de mayo, al parecer, que Trujillo se entrevistó, en el hotel Embajador, con un emisario cuyo nombre se ignora, según relata Virgilio Álvarez Pina en La Era de Trujillo, Narraciones de Don Cucho.
Trujillo, visiblemente molesto, bruscamente, interrumpió la entrevista con el personaje desconocido y acompañado de Álvarez Pina y el Coronel Marcos Jorge Moreno se ausentó del hotel Embajador. En el trayecto hacia el Palacio, según ese relato, en el vehículo en que viajaban, Trujillo comentaba en susurros estos gringos se creen que soy un pendejo y una vez en su despacho, en el Palacio Nacional, le dijo a su acompañante estos cabrones, mandan a un carajo a decirme que debo renunciar y vivir en el exterior gozando mi fortuna. Me proponen todas las garantías necesarias si accedo a sus deseos. Qué te parece?, le preguntó a Cucho Álvarez, a seguidas pregunté: cuál fue su respuesta, Jefe?, Trujillo me respondió le dije que yo moriría con las botas puestas, pero que jamás, me iría del país como un cobarde.
La suerte estaba echada. Después de esa entrevista del hotel Embajador, Trujillo haría un viaje al Norte y a la línea Noroeste, entre los días 9, 10 y 11 de mayo. Primero a Puerto Plata, a donde después de un gigantesco desfile cívico, inauguró el nuevo hospital Ricardo Limardo, cuyo director era un joven medico, llamado José Rodríguez Soldevilla. Asistió a una recepción en el Club de Comercio de Puerto Plata, en el cual presidió, en horas de la tarde, un coctel ofrecido por la sociedad puertoplateña y pasó, desde las últimas horas de la tarde hasta muy avanzada la madrugada, bailando con la música tocada por la orquesta Presidente Trujillo, que para ese momento dirigía el trompetista Goyo Rivas. Al siguiente día visitó Altamira e Imbert y partió para Santiago pernoctando en esa ciudad, la cual era, sin lugar a dudas, la comunidad preferida por él y a la cual dispensó siempre los mayores halagos.
El día 11 encabezó una manifestación multitudinaria, en Mao, donde presenció un desfile cívico gigantesco, participando en la tarde en otro coctel bailable, masivamente concurrido. A la caída de la tarde se despidió de sus acompañantes, legisladores y autoridades de la provincia, y les comunicó que se ausentaba para la capital, satisfecho porque el recorrido, políticamente, había sido exitoso. En la realidad de los hechos Rafael Trujillo Molina se estaba despidiendo del pueblo dominicano, convencido que su vida estaba llegando al fin.

