Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

En nuestra columna anterior recordábamos, con satisfacción y placer inolvidables, cuando siendo un niño de apenas seis años de edad, en los primeros meses de 1942, nos fuimos a vivir en la casa construida por nuestro padre en la Doctor Delgado No. 55 esquina Moisés García. En el lado norte de nuestra casa, donde hoy existe un edificio gubernamental, al otro lado de la Moisés García, en los terrenos del Centro de Enseñanzas del Ejército Nacional, se clasificaban y depuraban los reclutas que ingresaban a esa institución armada a los cuales no se les exigía saber leer y escribir, sino saber firmar. En ese gigantesco escenario solariego era que escuchábamos desde las seis de la mañana la banda de música del Cuartel General tocando las marchas que hemos mencionado.

Esa banda de música, muchos años después, nos dijo personalmente José Dolores Cerón, estaba integrada por cuarenta músicos y tenía como instrumentos de notoria ejecución, flautas y liras, lo que hacía posible que interpretaran en perfecta ejecución las marchas de John Philip Sousa. Era el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, episodio bélico de extraordinaria importancia a la cual Rafael Trujillo Molina, en términos políticos y económicos, supo sacarle mucho provecho. Fue en ese período que en el registro de nuestra memoria queda el recuerdo de dos acontecimientos de extraordinaria importancia. Primero, la visita al país del coronel Jaime Mariné, director de Deportes del gobierno constitucional de Cuba, presidido por Fulgencio Batista y secretario personal del gobernante cubano, quien había llegado a ese país como caballerizo del Rey de España, al cuidado de un hermoso corcel que el monarca español le envió de regalo al presidente Gustavo Machado.

En el orden de nuestros recuerdos y en esa lista cronológica de sucesos que perviven en ellos, la visita de Jaime Mariné fue importante porque Trujillo recibió a este personaje, que al parecer era muy influyente en Cuba, como todo un jefe de Estado. Niño de seis años presenciamos aquellos actos: en primer lugar, al recibir a Jaime Mariné en el Centro de Enseñanzas, un desfile de un batallón comandado por el teniente coronel Fausto Caamaño Medina, quien tenía como ayudante al capitán Euclides Gutiérrez Abreu; el segundo fue un ejercicio militar de armas manuales en silencio realizado por la 25 compañía de armas auxiliares, comandada por el capitán Gutiérrez Abreu, que la integraban soldados vestidos con uniformes de gala que por primera vez, si no nos equivocamos, se usaron en la República Dominicana. La estentórea voz de mando de nuestro padre y la precisión y firmeza con que hicieron los ejercicios de manual de armas en silencio concitaron aplausos y algarabía en todos los que los presenciaron.

El Nacional

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