Mañana, día 16 de agosto, se cumple el 148 aniversario de la Restauración de la República, acontecimiento histórico que hemos calificado, desde hace años, como La Gran Epopeya del pueblo dominicano; y sin que se piense que podríamos formarnos la base de ese calificativo como una expresión chovinista, estamos convencidos de que, con excepción de los mexicanos, ningún otro pueblo de América llevó a cabo una acción heroica, militante y valiente, como el rescate de su soberanía como nación independiente, que hizo un pequeño país isleño cuyo número de habitantes apenas llegaba a 250 mil personas. La guerra de la Restauración señaló a Cuba el camino para que, tres años después, en 1868, del retiro de las tropas españolas de nuestro territorio, se iniciara allá la lucha por su independencia.
El autor de esta columna ha escrito infinidad de trabajos sobre la Restauración y podemos decir sin que sea un acto de engreimiento o no ajustado a la verdad que en diversas oportunidades, en los primeros años que asumimos la función honrosa de asistente de Juan Bosch, hablamos sobre este episodio porque insistíamos ante nuestro maestro y líder en que la definición como nación, con las virtudes, atributos y cualidades de los dominicanos, se consolidó y profundizó a partir del 16 de agosto de 1863, cuando se proclamó en el Cerro de Capotillo el regreso al ejercicio de su soberanía de los dominicanos. Juan Bosch, el más grande maestro político de América, y la figura señera de los intelectuales dominicanos, terminó aceptando una parte importante de nuestros juicios y con sus condiciones excepcionales de escritor los incorporó en su magnífica obra titulada: La Guerra de la Restauración.
En ese capítulo, no solamente hermoso de nuestra historia, sino también rico en los matices de sus acciones, en una violenta y agresiva guerra irregular derrotaron los dominicanos al ejército español, que llegó a tener como tropas en territorio del país cerca de 25 mil soldados. Matías Ramón Mella, el gran estratega militar dominicano, fundador de la República y compañero de Juan Pablo Duarte y Francisco del Rosario Sánchez, escribió un Manual de Guerra de Guerrillas de nueve puntos, dirigido, en fecha 26 de enero de 1864, a todos los jefes de las tropas de los patriotas, que en la verdad histórica es la síntesis de la extraordinaria experiencia de los dominicanos en el arte de la guerra. Método que llevaron a Cuba Luis y Félix Marcano, Modesto Díaz, Dionisio Gil y Máximo Gómez, el Napoleón de la Guerrilla, como lo calificó Juan Bosch.
Una fecha como la de mañana nos llena de orgullo y de satisfacción y aviva en nosotros el deber y más que deber la obligación, de defender a nuestro pueblo, sin temor, frontalmente, en cuyo escenario, la mentira, la calumnia, la difamación, la injuria y el chisme, se han extendido en los medios escritos, radiales y televisivos, programados en un llamado periodismo de investigación, que en realidad como debe llamarse es periodismo de calumnia, difamación e injuria.

