Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

El proceso de inversión de valores que tuvo trascendencia inmediatamente después del inicio de la Epopeya Incompleta que comenzó el 24 de abril de 1965, ha llegado a su más alta expresión casi cincuenta años después de aquel entonces. En múltiples ocasiones el autor de Crónica del Presente, en continuos y diferentes programas en la radio y la televisión, alertamos a nuestro pueblo de la gravedad de esa situación. Creemos, si el registro de la memoria no se equivoca, fue en los últimos años de la década que había transcurrido entre 1960 y 1970, que en los programas de la Revista 110, producidos por Julio Hazim en los canales de Radio Televisión Dominicana, externamos no solamente la profundización de ese proceso de inversión de valores, sino también la problemática de la emigración haitiana a territorio dominicano.

El inicio de esa inversión de valores tuvo como punto de partida la ejecución del tratado internacional llamado Concordato, suscrito en el año de 1954, entre el gobierno presidido por Rafael Trujillo Molina y el estado del Vaticano que desmontó, rápidamente, los principios pedagógicos de la escuela que había fundado en nuestro país Eugenio María de Hostos. El crimen político de mayor trascendencia histórica  de la dictadura fue esa decisión absurda, impuesta a nuestro pueblo como consecuencia de la enfermiza megalomanía del dictador dominicano y la debilidad e insensatez de la mayoría de los funcionarios de su gobierno, que aceptaron este disparate jurídico histórico, que fue rechazado por una minoría de esos funcionarios los cuales actuaron con sensata y responsable virilidad.

Muchos años después el autor de esta columna sostuvo una conversación personal con Trujillo en la casa que tenía a la orilla del mar en Najayo, San Cristóbal, a donde fuimos llevados por el senador Fortunato Canaán a quien Trujillo le había comunicado que quería hablar con nosotros, en relación a unas declaraciones que habíamos externado a la prensa en las cuales saludamos las sentencias dictadas por la Cámara Civil y Comercial del Juzgado de Primera Instancia del Distrito Nacional, presidida por el licenciado Antonio Tellado H.; sentencias que en absoluto y total desconocimiento del Concordato, aceptaban divorcios de matrimonios celebrados por la Iglesia Católica de nuestro país sujetos a las disposiciones de ese acuerdo de carácter internacional.

De la firma del Concordato en 1954 al momento de nuestra conversación con Trujillo, a finales de 1960, habían transcurrido seis años y comenzaba a notarse con claridad meridiana la descomposición de las escuelas primarias, cuyo funcionamiento como centros de enseñanza habían pasado a ser dirigidos por los criterios religiosos, católicos y cristianos, borrando los principios metodológicos de la ilustración establecidos por Eugenio María de Hostos en los años finales del siglo XIX.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación