Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

Al profundizarse la crisis de la Iglesia Católica contra Trujillo y de Trujillo contra la iglesia, llegando a aspectos realmente enojosos e irrespetuosos, particularmente del régimen hacia la iglesia, Trujillo hizo comparecer a su presencia a Hipólito Herrera Billini, tuteándolo, porque eran viejos amigos y además porque Trujillo lo respetaba mucho por su integridad, honestidad e incuestionable capacidad, le dijo: “prepárate que te voy a nombrar en Relaciones Exteriores, porque Porcito (se refería a Porfirio Herrera Báez, Secretario de Relaciones Exteriores del gobierno), le tiene miedo a los curas y tenemos que denunciar el Concordato, estudia el asunto y prepara el documento de la denuncia para quitarnos ese problema de encima”. Según nos relató Hipólito Herrera Pellerano su padre llegó a escribir un borrador de lo que Trujillo le había encargado.

Los preparativos para esa acción que iba a tomar el gobierno que Trujillo dirigía, al parecer asumida personalmente por él, quedaron suspendidos a partir del 30 de mayo de 1961, pero las consecuencias de la imposición de ese concordato comenzaban a manifestarse abiertamente, en toda la estructura burocrática de la Secretaria de Educación y el andamiaje pedagógico que había tenido el país desde la codificación de la escuela hostosiana puesta en ejecución durante el gobierno militar de la primera intervención norteamericana en 1916. Método y estructura modernizados por la mano maestra, de experiencia extraordinaria, de Pedro Henríquez Ureña, durante el breve periodo a partir de 1932 que sirvió al régimen dictatorial de Rafael Trujillo Molina.

A grandes rasgos, en términos generales, este es el origen y el triste y doloroso proceso de desintegración, de este desorden que existe en el sistema educativo de la República, que abarca todos sus niveles, desde la escuela primaria hasta las numerosas universidades, la mayoría de las cuales no tienen ningún valor académico, científico y cultural, para mantener sus aulas llenas de hombres y mujeres que salen de ellas con títulos universitarios, que no les permite más que a una ínfima minoría realizarse como profesionales de capacidad y conducta incuestionable. Esas son algunas de las razones de todos estos absurdos que viven ahora en el escenario político y burocrático administrativo del Estado, del Poder Legislativo y del Poder Judicial.

Pero donde más se percibe y se manifiesta es en los medios de comunicación, escritos, radiales y televisivos. Cuántos absurdos; cuántas sandeces; disparates, mentiras, elucubraciones, utilizando esos inventos extraordinarios de la inteligencia humana como la radio y televisión para decir mentiras con un desconocimiento total y absoluto, primero que nada de la historia de nuestro país y más allá, de la historia de otros pueblos de América y del mundo. 

El Nacional

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