Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

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Haití: presente y futuro

En la brevedad del espacio de esta columna es muy difícil, por no decir imposible, escoger y analizar el tema de la desgracia por la que atraviesa el pueblo haitiano. Por esa razón, en principio, dedicaremos dos o tres columnas a  este tema. Actuando siempre con la prudencia, objetividad y honestidad que esta situación requiere y, muy particularmente, porque los datos ciertos y verídicos en relación con la pérdida de vidas, del costo en bienes y otras consecuencias que se han derivado y se conocerán más adelante, a causa del violento terremoto del 12 de enero, no se conocen  ni siquiera aproximadamente. El otro aspecto, el político, no es el más difícil, pero sí el más delicado e importante, y esta verdad se desprende de que en estos momentos tropas de los Estados Unidos de América, por órdenes de su gobierno, han ocupado y asumido el control del territorio haitiano.

Entre 10 y 12 mil soldados estadounidenses han llegado a la parte occidental de la isla de La Española, como la llamó Colón, y a esas tropas de ocupación hay que sumar 8 o 10 mil soldados de diferentes nacionalidades que están en territorio haitiano por disposición de las Naciones Unidas, hace ya bastante tiempo, lo que significa que cerca de 20 mil soldados extranjeros han asumido la responsabilidad de organizar y conducir hacia un estado de obediencia y disciplina a la población de la parte sur del país, que aterrorizada por la intensidad del sismo y por la frecuencia de las  “réplicas”, camina despavorida por las calles llenas de ruinas de Puerto Príncipe y se ausenta hacia el Norte e intenta atravesar la frontera dominico-haitiana, buscando la tranquilidad y la forma de vivir en la parte oriental de este hábitat isleño.

 Nuestro gobierno, del PLD, encabezado por Leonel Fernández Reyna, ha reaccionado frente a esta dolorosa realidad con la nobleza, solidaridad y firmeza de decisión que ha caracterizado al pueblo dominicano, que son virtudes y cualidades que nos fueron reconocidas hace más de cien años por el gran maestro antillano, Eugenio María de Hostos. Es nuestro país la base natural y propia para desde aquí y a través de las vías de comunicación, de excelente calidad, que tenemos, así como los aeropuertos y puertos de mar, se inicie el proceso de ayudar a la reconstrucción de las obras físicas del desgraciado pueblo con el que compartimos al parecer destinos diferentes. ¡Qué bien ha actuado Leonel! ¡Con cuánta bondad, coherencia y dignidad, ha asumido la responsabilidad que el destino ha puesto en sus manos!

Con el respeto que merece al  autor de esta columna el compañero presidente de la República, dejamos constancia, antes de seguir con el tema, de que no compartimos la idea que le fuera propuesta por el presidente Preval, de que soldados dominicanos se integren al ejército  de ocupación  en territorio haitiano, aunque esa integración sea bajo las banderas de esa fuerza internacional llamada MINUSTAH, que tiene como garante a la ONU y que, estableciendo las diferencias, recuerda aquel aparato de agresión contra nuestra soberanía, que a partir del 28 de abril de 1965, ocupó nuestro país, bajo el disfraz de Fuerza Interamericana de Paz (FIP).

El Nacional

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