Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

Como habíamos señalado antes, en los meses finales de 1943 nuestro padre fue trasladado de EL Seibo a la ciudad capital, porque según las disposiciones de Trujillo debía trabajar como asistente del general Fernando Sánchez, nieto de Francisco del Rosario Sánchez, quien desempeñaba las funciones de jefe de Estado Mayor del Ejército, en las maniobras que debían realizarse en febrero de 1944 para celebrar el centenario de la Independencia Nacional y la proclamación de la República realizada en la Puerta de El Conde, escenario que sirvió para ese hecho histórico, audaz, sorpresivo, valiente, que separó definitivamente la parte oriental de  la isla de Santo Domingo del dominio haitiano. Cuando regresamos de El Seibo volvimos a vivir en la casa que nuestro padre había construido en la Doctor Delgado 55 esquina Moisés García, al lado de la casa del coronel Luis Veras Fernández, hacia el lado izquierdo en la Doctor Delgado y hacia el lado derecho en la casa donde vivía Panchito Lluberes, que desempeñaba en ese momento las funciones de senador de la República.

 Cuando llegamos a la capital, mi madre nos llevó a inscribirnos en el Conservatorio Nacional para seguir recibiendo clases de solfeo y dar término al primer método de Hilarión Eslava, para lo cual faltaban pocas lecciones. En el Conservatorio recibíamos clases de Rodolfo Díaz, Fofo, quien era en ese momento segundo teniente del Ejército y primera trompeta de la banda de música del cuartel general. Las maniobras del ejercicio de las tropas y las prácticas para desfiles se realizaban en el Centro de Enseñanza del Ejército, ubicado, como hemos referido, en el lugar donde se encuentra el Palacio Nacional, en la colina “La Generala”; y debemos reiterar que esos momentos son, tal vez en nuestra niñez, los más emocionantes de la vida. Era el más pequeño de la familia y, aunque estaba inscrito en el kindergarten de las hermanas Amiama, realmente no asistía mucho a la escuela, porque pasábamos el día detrás de nuestro padre en el Centro observando los desfiles y escuchando esa banda de música reforzada, de gran calidad, que dirigía José Dolores Cerón. Por lo menos una vez a la semana acompañaba a mi padre al campo de tiro, ubicado en Haina, en el lugar donde hoy se levanta la refinería de petróleo y estuvo, años después, el Central Río Haina.

Iba también al hipódromo Perla Antillana, prácticamente terminada su construcción, que era el escenario escogido para realizar maniobras militares y presentar la primera promoción de profesores de educación física, graduados en el país bajo la enseñanza de técnicos cubanos y estadounidenses. Entre esa cantidad, de cerca de 200 jóvenes estudiantes de secundaria y universitaria, estaba mi tía, Carmen Félix; mi maestro, padrino y compadre, Luis Rafael Del Castillo Morales; Moisés Cohén; Virgilio Travieso Soto; y otros que se destacaron en esas actividades y fueron profesores, por largos años, de educación física en todo el territorio nacional. En febrero de 1944 comenzaron las actividades de la celebración del centenario de la República, acontecimiento solemne, organizado, disciplinado y de extraordinaria belleza.

El Nacional

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