Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

El autor de esta columna no recuerda el día en que conoció a Gisela Guerrero Dujarric, quien vivía en la calle Crucero Danae número 11, entre la Casimiro de Moya y la avenida Independencia, con su padre y su madre;  sería a finales de 1955 o principios de 1956, cuando nos mudamos en la casa número 20 de esa calle, propiedad de Esther Montás de Pérez.

 Ese es un barrio muy distinguido de la ciudad capital, que se llama Ensanche Lugo, no Gazcue, y que viene desde la Marino Cestero, donde estaba el Teatro Independencia, frente al parque del mismo nombre, en un espacio comprendido entre la avenida Independencia y Bolívar, hasta la avenida Pasteur; a partir de ese lugar se llama Ensanche La Primavera, nombres que la ignorancia de los profesionales y periodistas que provienen de la baja pequeña burguesía han modificado, con la indiferencia de las autoridades municipales.

Miguel Ángel Guerrero Pimentel, a quien sus nietos le decían Papapito, era el padre de Gisela, hija de María Dujarric Quezada de Guerrero, a quien sus nietos llamaban Buela. Fueron estos niños, hijos de Gisela y de Manuel Augusto Cocco Batlle, divorciados, los que una noche día de San Andrés, 30 de noviembre, le tiraron almidón y polvo en la cara a Rafael Trujillo Molina, alias El Jefe, “Monarca Sin Corona de la República Dominicana”, montado en un pequeño automóvil que manejaba un oficial del Ejército, apellido Richardson, que hacía esquinas y pases a una bella dama de La Vega que vivía en la Danae y quien luego fue su amante. El autor de esta columna presenció ese episodio y, corriendo hacia los niños, les dijimos que se fueran a su casa, ya que los Cocco Guerrero no eran los únicos niños en la calle. Más tarde vino una perrera de la Policía y se los llevó presos a todos.

Nuestro amigo era Papapito, gerente del Atlas Comercial Company, y de quien era ayudante Enrique Peynado, fundador de la Delta Comercial y padre de Jacinto Peynado. Miguel Ángel, Osvaldo J. Peña Batlle, alias Cocó, y Enrique Peynado, como lo recordaban Gisela y Miguel, y como lo sabe Manuel y lo sabía su abuela, eran nuestros contertulios en el restaurant “El Dragón”, Independencia esquina Doctor Delgado, para que los acompañara en esos momentos de expansión tan necesarios para gente de categoría económica y social. Hablaba de estos recuerdos con Gisela en Alfa y Omega, cuando era director de “Vanguardia del Pueblo”, vocero del PLD. En Alfa y Omega se imprimieron también nuestros libros “Perfil Militar de Máximo Gómez” y “Juan Bosch: Perfil Biográfico”.

Le prometimos a Minerva, la viuda de Miguel, recordar a Gisela, al abuelo de su esposo y demás miembros de esa familia, descendientes de Papapito y Buela, a quienes tanto cariño y aprecio, invariable, he dispensado siempre.

El Nacional

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