¡China y RD!
En 1966 sin mucha precisión, entre los primeros días de marzo y el 25 de mayo, el autor de esta columna tuvo el honor de visitar la República Popular China. Fuimos invitados por el gobierno de esa nación, que todavía no había festejado el vigésimo aniversario del triunfo de la Revolución que llevó al poder al Partido Comunista.
Hicimos el viaje acompañado de Aniana Vargas, militante del Movimiento Revolucionario 14 de Junio que junto a cinco compañeras que integraban la primera delegación femenina encabezada por Sagrada Bujosa Mieses, tenían como destino llegar también a ese país para recibir entrenamiento militar; habíamos volado de París a Ginebra y en el aeropuerto de esa ciudad tomamos el vuelo de la Pakistán International Airlines (PIA), directamente a Pekín, con varias escalas, que en realidad era una aerolínea propiedad del gobierno de la República Popular China. Nunca hemos olvidado a Aniana, porque dentro de sus cualidades, hablaba bastante bien el inglés.
En China fuimos recibidos con amabilidad extraordinaria, expresándonos los funcionarios con los cuales establecimos contacto su profunda admiración por el pueblo dominicano, que a partir del 28 de abril de 1965 había enfrentado la intervención militar ordenada por Lyndon B. Johnson, presidente de Estados Unidos y aprobada como mandato ilegítimo por la nauseabunda Organización de Estados Americanos (OEA), con la aprobación de 14 votos de sus representantes, entre ellos el décimo cuarto, que completaba el quórum, necesario para darle legitimidad al grosero atropello del gobierno estadounidense; voto que fue otorgado por el tránsfuga de origen dominicano José Antonio Bonilla Atiles. Aniana y el autor de esta columna estábamos emocionados y satisfechos por el reconocimiento que se hacía al “Pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe”, como lo había bautizado Fidel Castro Ruz, en la Conferencia Tricontinental.
El autor de esta columna fue distinguido e invitado a dictar un ciclo de conferencias ante los estudiantes de Ciencias Políticas de la Universidad de Pekín, entre los cuales la mayoría hablaba el idioma español.
Fuimos agasajados en diferentes lugares y restaurantes, antes de salir de la ciudad a visitar áreas rurales de ese gigantesco país. Tuvimos el honor de ser recibidos por el mariscal ChenYi, ministro de Relaciones Exteriores de la República Popular China, e invitado a almorzar con este personaje, quien lamentó que el primer ministro Zhou Enlai no estuviera en Pekín, porque estaba en la frontera de su país. Luego fuimos trasladados a Cantón donde se celebraba una Feria Internacional en la que participaban naciones de Europa y Asia, aunque la mayor participación de esa feria era del Reino Unido mejor conocido como Inglaterra.
En el hotel donde nos hospedamos en Cantón, brindaron una cerveza Pilsener que para ellos era una bebida de primera calidad; pero el autor quedó completamente convencido al beberla, que era inferior en calidad a la cerveza Presidente, dominicana.
En la feria de Cantón vimos artículos maravillosos de cosas que se producían en China, que iban desde bicicletas, tractores y automóviles modernos; aunque había también carros europeos Mercedes Benz, transitando en las calles de esa ciudad. Cantón es una ciudad que tiene su asiento en lo que los chinos llaman zona subtropical, aunque en materia de productos agrícolas solamente vimos plátanos y algunas matas de mango, que igual que los plátanos eran frutos pequeños que no se parecían a los de nuestro país.

