En Loma de Cabrera, municipio de la provincia Libertador, hoy Dajabón, el cuartel militar estaba ubicado en una colina desde la cual se veía un paisaje bellísimo que para quienes conocen Los Alpes, en Europa, en Suiza y en Francia, les recuerda la identidad deslumbrante en aquel entonces, que hoy ha desaparecido. Por la parte baja de la fortaleza pasaba el rio Masacre, que hace frontera con Haití. A ese lugar, que es el otro recuerdo infantil extraordinario en nuestra memoria, llegamos e inmediatamente fuimos inscritos en la escuela primaria rural que estaba bajo la dirección de un maestro ilustre, de una vocación pedagógica excepcional cuyo nombre era el de Abigaíl Rodríguez, santiaguero, amigo de Trujillo desde que el presidente desempeñaba las funciones de Mayor Comandante del Departamento Norte con asiento en la capital del Cibao y hasta hacía pocos meses era el director de la Escuela Normal de esa comunidad. Abigail estaba en Loma de Cabrera de castigo porque bebía en exceso y esa era la forma que tenia Trujillo de castigarlo.
Abigaíl Rodríguez conocía a nuestros padres desde el año 1933, en que vivieron en esa ciudad donde nació nuestra hermana Martha, recientemente fallecida. Qué personaje más encantador y qué maestro tan persuasivo y cariñoso, con voz agradable, que también quedó en el recuerdo de nuestros oídos para toda la vida. Él terminó el proceso de alfabetizarnos que no había concluido, alimentando nuestra curiosidad y el espíritu, aconsejándonos y poniendo en nuestras manos dos libros extraordinarios: el primero, Moral y Cívica; y el segundo, el famoso libro Corazón, de Edmundo de Amicis, novelista y escritor italiano de fama mundial, autor de ese libro, publicado a finales del siglo XIX y traducido a más de quince idiomas y llevado también, a la cinematografía.
En Loma de Cabrera, desde luego, no había academia de música, quiere decir que mi entusiasmo por las lecciones de música que habíamos recibido, encontró como antídoto pasajero la existencia en aquella pequeña comunidad de un perico ripiao en el cual tocaba la güira una mujer mulata, alta, que bebía ron a pico de botella y que respondía al nombre de Juanita Morel. A ella se le dedicaría un merengue real, auténtico, de nuestro verdadero folclor que años más tarde, interpretado por el Trío Reynoso, se convirtió en una pieza de extraordinaria simpatía que también fue llevada por orquestas a los lugares populares y a los salones del país.
En Loma de Cabrera terminó la carrera militar de nuestro padre, cuando fue destituido como Capitán Comandante de la Fortaleza de Loma de Cabrera, arrestado, permaneciendo aproximadamente un mes en la Fortaleza Ozama de la ciudad capital. Regresó a Loma de Cabrera a buscar a nuestra madre, a mi tía y al autor de esta columna, para quien la exclusión de nuestro padre de las filas del Ejército fue una sorpresa de profundo impacto emocional, porque en la realidad de la vida, el héroe por excelencia de nuestra existencia era Euclides Gutiérrez Abreu.

