Opinión

CRÓNICA DEL PRESENTE

CRÓNICA DEL PRESENTE

En los meses finales del año de 1944, después de permanecer por espacio de tres meses en la ciudad capital, siguiendo las órdenes de Héctor Bienvenido Trujillo, Negro, nuestro padre se trasladó a San Francisco de Macorís, como habíamos señalado con anterioridad, bajo la protección y guía del doctor Armando García Jiménez, odontólogo, senador de la República, uno de los hombres más ricos de la provincia, dueño de plantaciones de cacao, de gran capacidad de producción. Fue en San Francisco de Macorís, con casi nueve años de edad, que por primera vez escuchamos una banda de música, de excelente calidad, interpretar merengues del verdadero folklor dominicano, con arreglos orquestales, en la cual se destacaban los instrumentos de viento, particularmente los cornetines, llamados ahora trompetas, y los saxofones. En el parque principal de la ciudad, situado frente a la iglesia parroquial, al local donde estaba ubicado el Tribunal de Primera Instancia y el Teatro José Trujillo Valdez, esa banda de música, bajo la dirección de Sixto Brea, interpretaba la música folklórica con ritmo y estilo admirables.

Para esa época “Compadre Pedro Juan” se había convertido en el símbolo y expresión de nuestro merengue, composición de Luís Alberti, que se tocaba con un paseo como introducción, que lo realizaban las parejas, mujer y hombre, tomados de gancho. Para esos momentos, en el registro de nuestra memoria están presentes los merengues linieros “Juan Gomero”, la primera expresión verdaderamente folklórica de nuestro país, de autor desconocido; a estos se sumaban “Hatillo Palma”; “Loreta”, también de Luís Alberti; “Caña Brava”, de Toño Abreu; “Fiesta”, de Luís Alberti; “San Antonio”, “Los Chávez” y “Los Galleros”, de Ñico Lora; además de merengues dedicados a Trujillo, entre los cuales, los más conocidos y que con más frecuencia se tocaban, que eran “Najayo” y “Llegó”.

En esos momentos comenzaba a conocerse “San Cristóbal”, de Enriquillo Sánchez, dedicado a la comunidad donde había nacido Trujillo y como había recién finalizado la Segunda Guerra Mundial se tocaba también “La Miseria”. El merengue se había convertido en la verdadera expresión musical del pueblo dominicano y a lo largo y ancho del país se habían multiplicado los conjuntos típicos, llamados “pericos ripiaos”; además del merengue comenzaron a escucharse en los conciertos dominicales o “retretas” otros aires folklóricos de nuestro país como las mangulinas, las salves, que eran incuestionablemente manifestaciones musicales influenciadas en sus raíces por la música española. En esa banda de música de San Francisco de Macorís tocaban los hermanos Fernández que fueron músicos de extraordinaria calidad, que luego se fueron a vivir fuera del país, en Venezuela y Puerto Rico, y tocaba también Tatán Minaya, fino compositor de música romántica.

El Nacional

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