Opinión

¿Cuál es la parte sana?

¿Cuál es la parte sana?

Los tribunales han emitido sentencias contra banqueros responsables de quiebras fraudulentas o de fraudes contra entidades, pero lo han hecho para salvar al sector financiero y, en casi todos los casos, siguiendo las pautas de organismos interesados en garantizar el pago a los acreedores extranjeros. En otras palabras, han sacrificado algunas partes con el fin de preservar el todo. Por eso, aunque causa indignación, no puede resultar extraño que la Suprema Corte de Justicia haya emitido un fallo en el cual reconoce que, en el sonado caso Sun Land, el Gobierno violó la Constitución al no someter al Congreso la concertación de un préstamo, pero al mismo tiempo libera de responsabilidad a quienes realizaron la transacción y, sencillamente, todo termina en palabrería (¿quién dijo retórica?)… hasta el próximo escándalo…

El tribunal actuó como parte de un sector subordinado en términos financieros al Poder Ejecutivo y al Poder Legislativo, y, en términos políticos, a los sectores dominantes, que necesitan mantener, a cualquier precio, el espectáculo politiquero.

No pudo, por eso, dejar de mencionar lo evidente. Claro, tampoco pudo sancionar a los responsables de asignar al Poder Judicial la partida presupuestaria correspondiente y de disponer y supervisar la construcción de las cada vez más lujosas oficinas que albergan a sus principales representantes.

¿Cuál es el liderazgo cuya falta reconoce el doctor Jorge Subero Isa? ¿Acaso el liderazgo capaz de mencionar al presidente Leonel Fernández o de sancionar al ingeniero Félix Bautista? Para crear figuras de ficción, el mismo Subero sería capaz de reclamar autonomía.

Pero crea la figura y al mismo tiempo la declara ausente, pues ni la mejor dotada imaginación sería capaz de ubicarla entre tanta podredumbre.

El Partido de la Liberación Dominicana es el sello que cobija a quienes hicieron la borrosa transacción. El Partido Reformista Social Cristiano es la oxidada maquinaria electoral creada por Joaquín Balaguer, sembrador y cultivador de esta cosecha de dirigentes a cuyas figuras la legitimidad desdibuja. El Partido Revolucionario Dominicano es el grupo que hoy pretende que se le reconozca como abanderado de la demanda de justicia, cuando en realidad es una pieza del mismo podrido engranaje, instrumento de la politiquería pestilente.

La dirección de ese desacreditado PRD no recurrió al pueblo para inyectar firmeza a la demanda de que los fondos públicos sean manejados con transparencia y pulcritud. Recurrió a la Suprema Corte de Justicia por entender que podía convertirse en escenario para sacar beneficio electorero. El Foro Social Alternativo se sumó a la demanda, pero no es el protagonista en este episodio. Es, sí, el ente llamado a no olvidar el compromiso de convocar a las mayorías.

Ahora, tras el fallo, vienen las declaraciones de cada uno de los dirigentes del PRD, que se retrata como pieza de la misma ilegitimidad porque tampoco ahora recurrirá al pueblo. Tampoco ahora buscará movilizar a las mayorías, a las cuales, lejos de representar, pretendió suplantar… Los acaudalados empresarios colocados en su cúpula, no buscan al pueblo porque entienden que sería una acción equivalente a matar la gallina de los huevos de oro. Temen a las acciones de masas. Muestra de ello es que en abril de 1984 las enfrentaron con los militares y policías en las calles disparando a matar.

¿Dónde está la parte sana? Donde sean reconocidas las mayorías como protagonistas. El fallo de la Suprema es otra pieza que a este sistema político hay que restregarle en pleno rostro ante cualquier ensayo de demagogia… ¡Qué asco!

El Nacional

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