Azuzado por la dura realidad de que vivimos menos tiempo, y que debemos acostumbrarnos a la modernidad de compartir espacios con el mismito representante en el país del norte revuelto y brutal, quien con el doble de este contenido se regodea enrostrándonos lo inferiores que somos.
También es bueno haberle sobrevivido a Balaguer, a pesar de sus clones de baja calidad, que no logran impedir siquiera acciones como la del irrespeto a la autoridad que se dan cuando vemos a policías asaltando cuarteles y realizando micromítines.
Pero con miedo de recibir correos insultantes por haber cometido el desliz de no ser alabardero prefiero, a propósito del momento actual, citar tres frases del magnificente Gabriel García Márquez, tomadas del Amor en los tiempos del cólera: Los seres humanos no nacieron para siempre el día que su madre les alumbra, sino que la vida les obliga otra vez y muchas veces a parirse a sí mismo. (Pág. 223) Lo único que duele de morir es que no sea de amor. (Pág. 228) y la de la página 446 y lo asustó la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites. ¿Y qué si hoy se le pierden algunas cosas en la memoria?
Y como colofón, regalándome por haber sido ayer mi cumpleaños par de 5, esta de Silvio Rodríguez de su canción Días y Flores: Si hay días que vuelvo cansado/ sucio del tiempo/ sin para amor/ es que regreso del mundo/ no del bosque/ no del sol/ en esos días/ compañera/ ponte alma nueva/ para mi más bella flor.
Por si fuera poco esto, me voy a fines de octubre a Suramérica con el interés de entrevistarme con Correa, Evo y Pepe Mujica, almas nobles y humildes a las que no se le han subido los cargos a la cabeza y buscando aprender algo para cuando sea presidente.

