Aunque no nos lo han pedido, le regalaremos algunos consejos al presidente electo que no desdicen de lo que escribimos aquí el pasado 24 de mayo y que, en cierta forma, repetimos el pasado 21 de junio.
Partimos del criterio de que, ciertamente, el señor Medina tiene el deseo de hacer cosas buenas, y como muy bien sabe, no le basta con buenas intenciones, sino con dinero, hará los ahorros necesarios eliminando por lo menos la mitad de las miles de botellas que le deja su compañero, por demás hay que esperar que las deudas contraídas para satisfacer la megalomanía constructora balaguerista de El Mesías no le dejarán deudas impagables y por tanto las manos atadas para cubrir parte de la deuda social acumulada.
Evidentemente que el nuevo presidente tendrá que apelar a medidas heroicas para intentar hacer una gestión que trascienda y le ayude a aplicar la máxima del maestro: Quien no vive para servir, no sirve para vivir.
Podría comenzar apelando a aquella oxidada mística peledeista, que apuntaba al sacrificio, a darse a los demás y lo haga poniéndose de ejemplo tal y como hiciera de quien dice será su guía: Juan Bosch, quien con apenas una semana en el poder, promulgó el decreto número 9, mediante el cual se obtendrían ahorros a partir de la supresión de una serie de cargos en la nómina pública y la reducción de salarios (empezó con él mismo) y gastos administrativos dentro y fuera del país. Por cierto aún esperamos que La Semana nos publique ese trabajo.
Si Danilo manda la señal de que realmente tiene interés en zafarse de las lacras que hereda, se producirá un efecto dominó y todas las gentes que verdaderamente aman su país (que somos los más), y desean aportar su granito de arena para construir una patria sana le arrimarán su hombro y podría avizorarse la posibilidad de continuar la obra de Duarte y los Trinitarios.
Seguiré estos consejos en la próxima de Cuando sea presidente.

