La ley que le otorga el 4% del Producto Bruto Interno a la educación fue aprobada durante la primera gestión de Leonel Fernández. 13 años han pasado y el 4% no se ha logrado. El PRD gobernó cuatro años y no cumplió con la ley. El PLD, de la mano de Fernández ya tiene más de diez años, y lejos de aumentar el presupuesto, lo ha reducido a una media de 1.7% en esos diez años.
Ahora, ante el reclamo nacional, el propio mandatario se destapa diciendo que por más que brinquen y salten los que exigen más recursos para el sistema educativo, no dará más de lo que da porque tiene otras prioridades, como el Metro de Santo Domingo y otras obras de cemento y acero, que tantos beneficios dejan a los funcionarios y relacionados. (La corrupción administrativa le cuesta al país más de cien mil millones de pesos todos los años, dinero que bien pudiera ser invertido en educación, ciencia y tecnología, como Chile, que sólo en becas, doctorados y maestrías en el extranjero dispone unos seis mil millones de dólares)
Pero en la República Dominicana es lo inverso. El diletante presidente de la República no cree en la educación como forma de superar la marginalidad y la pobreza, a tal punto que se niega a cumplir su propia ley del 4%.
Un ministro con cara de payaso dijo que el narcotráfico patrocina las sombrillas y las gorras amarillas; otro, no menos tarado, se preguntaba quiénes estaban detrás del movimiento que reclama educación para todos. Más lejos llegó el ministro que culpó a Hipólito Mejía de que Leonel no diera el 4%. Olvidó que cuando se aprobó la ley, que no cumplió, el presidente era Leonel, no Hipólito. De igual modo, olvidó que hace casi siete años que Hipólito salió del poder. Pero el que la botó por los 411 fue el sujeto, investido de autoridad, que ha planteado eliminar la ley del 4%, al igual que todas las otras leyes que le asignan porcentajes del presupuesto a las demás instituciones del Estado como el poder judicial, legislativo, JCE los Cabildos.
El pueblo pidió un 4% para la educación. El gobierno respondió con un 11% de aumento en la tarifa eléctrica. Como vamos hacia atrás, es necesaria una táctica del pasado usada por Juan Bosch: Llevar al gobierno a su propia legalidad. O de lo contrario, desobediencia civil.

