En varios artículos sobre las dos visiones del tema cubano, el periodista que intercambió conmigo en sus opiniones planteaba su mundo mientras yo le hablaba de otra realidad, la que deja sin armas su lucha. Cuba lleva 54 años de revolución, bloqueada, con un grupo de emigrantes entre los cuales muchos se hacen llamar exiliados, y los que han combatido lo que consideran un «régimen», presentan una realidad y una historia que, si no se coloca siempre en los contextos correctos se puede quedar fuera de foco.
Hoy, cantantes emigrantes cantan en su patria y son nominados a premios locales, peloteros desertores se reúnen con autoridades y amigos en la isla y el tema político en confrontación es cada vez es más ajeno en la realidad.
Por otro lado, los «disidentes» hacen turismo entrando y saliendo de Estados Unidos en franca violación a las leyes de visas de Norteamérica y mostrando que son aupados y financiados desde el exterior; pero además, reciben apoyo de los representantes ultraderechistas del llamado exilio, con amigos como los congresistas Ileana Ross, Díaz-Balart, políticos como el expresidente Aznar y Esperanza Aguirre, así como faranduleros perdidos ideológicamente como Carlos Alberto Montaner, Pedro Sevcec y Jorge Ramos, sin contar con los robots de CNN que cada día más pena dan.
Ahora, en Miami se prepara lo que será el principio del fin de las posiciones recalcitrantes. Jugarán peloteros del equipo «Industriales» que viven a ambos lados del mar. Este equipo de la llamada «pelota revolucionaria», nada tiene que ver con la que se jugaba antes de 1959.
Los he escuchado llorar, la población emigrante está tan emocionada que cualquier posición en contra de este juego de pelota puede llevar a sus opinadores de oficio a caer en el desprecio del pueblo por predicar el odio a todo lo que venga de la isla.
Es la estocada final, mientras los disidentes piensan quién será el próximo en viajar con gastos pagos, la gente está en pelota y en abrazar a sus compatriotas y que Cuba tenga el «régimen» que le dé la gana.
Los que no se monten en este tren, quedarán varados en el andén en el que llevan ya 54 años.

