¿Qué hace distinto un montaje teatral de otro? Los factores a tomar en cuenta pueden ser: el texto en que se apoya, los personajes, el manejo del concepto, los elementos técnicos y muchos otros.
La reflexión viene a la cuenta tras ver Piromancia, un montaje fuera de lo ordinario y que debió haber recibido más respaldo de público y crítica, dado que el trabajo de Haffe Serulle llega normalmente con el sello de una creatividad incisiva, de unos personajes no concretos y sustantivados en abstracto sobre si mismos (el hombre, la mujer) y que portan el estandarte de ser canales para plantear provocativamente, los temas del poder, la soledad, la violencia, la herencia maldita y tantos otros, por medio de un código gestual, corporal e intelectivo tan singular que la diferenciación al evaluarlo se impone con naturalidad y exigencia.
Piromancia tiene valores únicos al partir de una textualidad coral (selecciones de 24 tragedias griegas) hermosamente hilvanadas para darles un sentido actual.
El espacio teatral con lo mínimo: cuatro cuerpos casi danzantes de locura, una gran sábana o lienzo que será masa en movimiento, sostén amorfo de múltiples posturas dramáticas y algo de luces fijas. No hay banda sonora. No hay temas teatrales de consumo fácil o de atractivo comercial (lo que no es delito alguno, dicho sea de paso).
Quiera Dios y Haffe Serulle se decida a hacer otro montaje de Piromancia. Y que la gente reacciones y deje de negarse el derecho a un teatro hecho desde los adentros insondables del instinto artístico cuando es el hecho que conmueve.
Dos hombres y dos mujeres entregados al texto, reclaman del mismo la viva expresividad que probablemente sus autores, hace ha tiempo, no pensaron que fuera posible. El gesto, el grito, la denuncia interior, la maldición retorcida en los dientes, todo conspira para dar al publico el tipo de experiencias teatrales que hace falta respaldar.

