Cinco sacerdotes que ejercen en barrios populares estimaron que la violencia, marginalidad y falta de empleo son algunos de los males que más afectan a sus respectivas comunidades y con motivo de Semana Santa unieron las alabanzas religiosas al reclamo de unidad de la familia como eje central para enfrentar esos males.
Al introducir novedades reflexivas en los cultos de Semana Santa, los sacerdotes llamaron a sus comunidades a realizar actividades relacionadas con reclamos sociales, como el relacionado con los reclamos por una educación de calidad en el país.
Indicaron que por ello han apoyado el reclamo del cumplimiento de la ley que asigna un cuatro por ciento del producto interno bruto a Educación, al indicar que esa demanda ha servido para elevar la conciencia nacional acerca del tema Educación, e incluso, ha motivado a que muchas personas ahora tengan una mayor preocupación por elevar sus propios niveles educativos.
Los planteamientos fueron realizados por los sacerdotes Abraham Apolinario, de la iglesia Santo Cura de Ars, de Capotillo; Gregorio Santana, de Los Guarícados; Juan de Jesús Jiménez, de Santo Domingo Savio, Los Guandules-Guachupita; Jit Manuel Castillo, de Nuestra Señora del Rosario, Villa Duarte y Ángel María Ciaurriz, de Nuestra Señora de la Consolación, San Cristóbal.
Todos participaron como invitados al almuerzo semanal de los medios de comunicación del Grupo Corripio.
Indicaron que a las tradicionales actividades religiosas, en la época de Cuaresma, indujeron a sus respectivas comunidades a realizar labores relacionadas con la prevención de enfermedades, como el dengue y la tuberculosis, la limpieza de los barrios, como el operativo realizado en Villas Agrícolas y discusiones relacionadas a la violencia, falta de trabajo, embarazo en las adolescentes.
Fue unánime el criterio de que la falta de educación por un lado y el desempleo por el otro, unidos a la carencia de una sólida unidad familiar, han sido caldo de cultivos para la violencia y el auge de diversas manifestaciones de delincuencia.
Además de enfatizar los problemas sociales, los sacerdotes indicaron que han llamado a sus comunidades a celebrar la Semana Santa, apegados a los principios que dejó Jesucristo.
Por ello, en el centro de sus recomendaciones está la práctica del perdón y la solidaridad.
«Todas las reflexiones de la Cuaresma y Semana Santa la hemos concentrado en torno al valor de la familia y la reconciliación, poniendo atención a la salud», dijo el padre Santana.
Uno de los temas expuestos estuvo relacionado con el embarazo de adolescenes, donde salió a relucir los esfuerzos realizados para acompañar a esas niñas en la tarea de convertirse en madres.
Sin embargo, ante los cuestionamientos del por qué junto a esa actitud no se promueve evitar los embarazos, vía la utilización de anticonceptivos y preservativos, los sacerdotes defendieron la opinión de la Iglesia sobre ese tema.
Opinaron que la oposición de la Iglesia Católica al uso de preservativos no es el motivo que induce a las adolescentes a quedar embarazadas, ya que ninguna de ellas llegó a esa situación por negarse a usar preservativos en cumplimiento de las disposiciones de la Iglesia.
Estimaron que esa discusión debe profundizarse.
Un apunte
Tuberculosis
En su intervención en el almuerzo semanal del Grupo Corripio, el sacerdote Gregorio Santana, de Los Guarícanos denunció que en esa comunidad existe un brote de tuberculosis que puede ser calificado de epidemia y que incluso ya ha causado la muerte de varias personas. Dijo que la situación es agravada por la falta de una alimentación adecuada y el hacinamiento.

