Danilo Medina, escogió como su compañera de boleta a Margarita Cedeño, ante la presión persistente de los grupos que lidera el presidente Leonel Fernández dentro del partido de la Liberación Dominicana (PLD). Con camisa de fuerza, el grupo de Leonel seleccionó a Margarita y anunciaron su candidatura en un intento desesperado de dar un golpe de efecto ante el estancamiento del porcentaje de aceptación que tiene Medina en la población. La selección no causó impacto, y no valió el techo de valoración que tiene el aspirante del PLD.
Una Margarita marchitada por los desaciertos y los errores cometidos por su esposo en la conducción del Estado, contribuye a restar y a disminuir el éxito que podría tener una nominación. Ella tiene cerca de ocho años repartiendo dádivas, pero no se puede enjuiciar como positiva su labor. Su gestión estuvo encaminada a colocar parchos y no remedios a la pobreza que se reproduce.
La campaña del PLD está a cargo de funcionarios, alimentados por el dinero de los contribuyentes. Estamos a un paso del totalitarismo si el PLD continúa en el poder, utilizando la trampa. Del ámbito conceptual pasamos al sincretismo, a los antivalores y a la involución. Sería catastrófico que el país pasara por la experiencia de México, donde el PRI reinó por más de cincuenta años. El laureado escritor Mario Vargas Llosa, llamó a esto la dictadura perfecta.
El pueblo determinó la necesidad de un cambio encarnado en Hipólito Mejía, un gerente que utiliza la autocrítica como método de superación. El expresidente hace alarde de su origen campesino pero tiene gran ascendencia entre los sectores populares.
Entonces, de seguir arrastrando los sinsabores del continuismo morado, hay que preguntarse, como hacía el reconocido luchador democrático, ido a destiempo, Tomas Pujols Sanabia: ¿Hacia dónde nos llevarán estos caminos?
