Tenemos la certeza de que en la medida que les ofrezcamos mejor y mayor formación, capacitación y profesionalización a nuestros servidores públicos (incluyendo a los funcionarios, por supuesto), en esa misma dirección obtendremos, por parte de ellos, un mayor grado de responsabilidad social y conducta ética. Y por tal razón, pues, menores siempre serán las tentaciones para adentrarse en el mundo de la corrupción.
Necesitamos cambiar hacia lo positivo, en aras de lograr transformar la mentalidad de los funcionarios en lo particular, y de todos los servidores públicos en lo general.
La inversión que se hace en la administración pública, en el fortalecimiento de sus recursos humanos y en el adecentamiento de las instituciones, nos conduce hacia una mayor solidez de la ya conocida nueva gestión pública, hacia un manejo más transparente de los recursos públicos, hacia la disminución de la pobreza, hacia una mínima expresión del cuestionamiento negativo de los gestores primarios en la función pública.
Por ello, no solo asegura un retorno positivo y con creces, calidad en el servicio, supervisión efectiva, y una correcta evaluación por desempeño; sino también un evidente descrecimiento y acorralamiento de la fastidiosa y desgraciada corrupción administrativa.
No basta con el fortalecimiento de las estructuras públicas, ni con las reformas técnicas y administrativas en esta lucha contra la corrupción. Que mucho se ha logrado.
Real y efectivamente, nuestra sociedad exige la institucionalización de una función pública con profundos criterios de ética y moral, con funcionarios públicos honrados, de principios éticos y morales, esperando que de algún modo sientan temor ante la palabra de Dios. Ahí está el paradigma.
En tal sentido, confiamos plenamente en que Danilo Medina, en su condición de presidente constitucional de la República, sabrá confrontar el problema.
Más aún, la sociedad dominicana confía en que el nuevo presidente, cual si fuera todo un estadista consumado, en lo relativo a la corrupción que maliciosamente gravita dentro del campo de la administración pública, continuará haciendo lo que está bien, corregirá lo que está mal, y que hará lo que nunca se ha hecho. Ese es el gran reto.

