Opinión

De ambiciones y derrotas

De ambiciones y derrotas

Efectivamente, a pesar de que un bipartidismo político era dueño absoluto del escenario electoral, dando fiel cumplimiento a las leyes de la dialéctica, a finales de los noventa el PLD empezaría a romper con ese bipartidismo que tanto daño le había hecho a la sociedad dominicana; no por su existencia, sino por los métodos indecorosos que ambas organizaciones utilizaban para continuar dominando el escenario político.

Fueron tantos los errores cometidos por los rojos y los blancos que, sin ellos proponérselo, acentuaron el proceso de autodestrucción. Cosa que a simple vista fue primero observada en el PRSC, fundamentalmente después de la partida de su líder, el doctor Joaquín Balaguer; y después, ya sin la presencia del doctor José Francisco Peña Gómez, en el PRD, con el endurecimiento de las contradicciones grupales.

Definitivamente que las tácticas erráticas de esas organizaciones, en adición al desorden institucional que exhibieron en las tres últimas décadas del siglo XX, en donde todos aspiraban a todo sin importarle para nada el crecimiento y el desarrollo hegemónico y unitario de sus partidos, trajeron como consecuencia la casi desaparición de los rojos y la lucha a muerte de las facciones que conviven entre los blancos.

Y ante ese panorama, olvidándose de que existía un PLD que venía trabajando sin cansancio, cuando vinieron a darse cuenta, ya  los morados, como consecuencia de sus tácticas correctas, habían conquistado al electorado, que los veía como una organización negadora de las malas artes.

Hasta el momento, el siglo XXI  nos presenta al PLD como la organización política más sólida y disciplinada que existe en la República Dominicana. Esa es la realidad. Y si todo está favoreciendo a esa organización política, entonces ¿por qué insistir en que la opinión pública se haga la idea de que algo anda mal en el seno del PLD?

Precisamente esa es la pregunta que debería convertirse en motivo de preocupación entre los peledeístas. Y no permitir que crezca la percepción errada en la sociedad de que en el PLD ya no hay respeto y que todos aspiran a todo sin importar el desarrollo político que se tenga, tampoco la ética y mucho menos la fortuna que algunos utilizan para pisotear a los que menos tienen.

   Lo correcto siempre será apoyar, decididamente, al Gobierno y al partido. Jamás permitir que nuestro adversarios se retroalimenten de las absurdas contradicciones de forma que pudiesen aparecer. Al fin y al cabo, convendría recordar que en política todo tiene su momento.

   Se equivocan los peledeístas que consideran que los hechos de hoy no tienen sus raíces en el pasado. Si no somos capaces de mantener unido a la organización que una vez don Juan llamó “un partido nuevo en América”, atravesaremos, lo queramos o no, el mismo tortuoso y atormentado camino que una vez tomaron el PRD y el PRSC.

En conclusión, bien hizo el Comité Político del PLD con sabiamente tomar la decisión de cero discusiones públicas entre sus miembros. No tiremos todo por la borda.

El Nacional

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