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DE GÓMEZ A MARTÍ

DE GÓMEZ A MARTÍ

Figuras incrustadas indelebles en la memoria de dominicanos que participaron de manera relevante y decisiva en la in dependencia de Cuba, es propicio ponderarlas en ocasión de cumplirse un aniversario del onomástico del apóstol José Martí.

El apóstol de la independencia de Cuba recibió un apoyo disimulado pero efectivo, del presidente Ulises Heureaux, por la estrecha vigilancia que el cónsul de España en nuestro país ejercía a través de sus espías sobre Martí.

Empero, el presidente Heureaux, quien fue un hombre de voluntad y decisión hasta para decidir su muerte, que sabía le acechaba en la conspiración de Moca, y acudió resuelto a su asesinato, a ratos decía; “España es  mi esposa, pero Cuba  mi  novia”. Y eso lo sabía el cónsul español.

Martí recibió además el apoyo espontáneo de los dominicanos en todos los pueblos que visitó, y al generalísimo Máximo Gómez en su finca La Deseada de Laguna Salada, consagrada en un canvas por del artista vegano Federico García Godoy.

En la imprenta de dos Ulises Franco Bidó de Santiago de los Caballeros, se imprimió el Manifiesto de la independencia de Cuba, que fue pactado y firmado por los dos epónimos adalides el 25-03-l895 en Montecristi.

Una montaña de carne en sepia que respondió al nombre de Marcos del Rosario, acompañó a Martí desde cayo Pablillo, en Montecristi, hasta Cabo Haitiano y de ahí hasta Playitas, próxima a Guantánamo, provincia de Oriente, donde el apóstol cae abatido por los realistas que le acechaban  tras unos matorrales, en una sabana abierta.

El generalísimo Máximo Gómez, distinguido por el escritor y ex presidente Juan Bosch como “El Napoleón de las guerrillas”, por sus  terribles y desastrosas cargas al machete del ejército mambí que reclutó, y que causaron estragos a las tropas realistas, fue actor primordial en esa epopeya, que no obstante los ingentes sacrificios, no logró su propósito ni en la Guerra Larga l868-l878 ni en La Chiquita l869-l873, ganando la partida Estados Unidos con la Guerra Hispanoamericana de l898.

Antonio Maceo y Grajales, El Titán de Bronce, fue acogido también por el presidente Heureaux y por todos los dominicanos que contactó, y su progenitora, doña Mariana Grajales, era oriunda de Compostela de Azua.

Cuando se produjo el Grito de Yara por Carlos Manuel de Céspedes en su finca La Demajagua el 20-l0-l868, su secretario particular era el escritor dominicano Manuel de Jesús de Peña y Reinoso, periodista, educador, figura de principios, fundador de la sociedad cultural Amantes de la Luz.

Dos dominicanos, Modesto Díaz y Demetrio Mármol, acompañaron a Carlos Manuel de Céspedes, Primer Presidente de la República de Cuba en Armas en el Grito de Yara.

 Durante su recia campaña al frente del ejército mambí, el secretario particular del generalísimo Máximo Gómez,  fue el dominicano Julián Lorenzo Despradel Arias.

El pueblo cubano reconoce estos gestos espontáneos de los dominicanos para contribuir a su causa libertaria, y los dominicanos reconocemos también al comandante Fidel Castro que respaldó la gesta de la Raza Inmortal del l4 y l9 de junio de l959, que produjo una grieta irrestañable en la tiranía de 3l años del generalísimo Rafael Leonidas Trujillo, que aunque resultó en lo militar un fiasco, no así en lo psicológico, modificando para siempre la conducta de la gran mayoría contra el despotismo.

El Nacional

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