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De Guzmán a Abinader

De Guzmán a Abinader

Elvis Valoy

Si alguien ha acuñado una frase que se ha convertido en una praxis en el mundo diplomático, ese ha sido el cardenal Richelieu, quien durante el siglo XVII circunscribía todo su accionar en aras de consolidar la anacrónica monarquía francesa a: “razón de Estado”.

Aun cuando esa es una realidad en el mundo diplomático, en nuestro país todo es diferente, pues las posiciones de las relaciones exteriores no surgen de ucase de políticas internacionales, sino de coyunturas inmediatistas o de oportunidades del momento.
El presidente Antonio Guzmán en 1978 rubricó un acuerdo leonino con el dictador haitiano Jean-Claude Duvalier, con el cual se contrataba mano de obra en calidad de esclavos, convenio dickensiano que años después crucificó el país en el extranjero, generando acusaciones en organismos internacionales por violación a los derechos humanos.
Eso se produjo en el contexto de una modernización del corte de la caña que permitía mecanizar la zafra, y en un tiempo en que el desempleo rondaba el 21 por ciento. Simplemente creando condiciones benignas para la inserción de brazos dominicanos se absorbía el descomunal desempleo existente para la época.

Pero como dijo Hegel: “la historia se repite dos veces…”, y Marx irónicamente le agregó:”…Una como tragedia y otra como comedia…”, máxima dialéctica que se aplica al acuerdo rubricado por el presidente Luis Abinader con Jovenel Moïse, en el instante en que la gobernabilidad en el vecino país parece un acto de funambulismo y su cauce recorre un dédalo de incertidumbre sombría.

Por. Elvis Valoy
elvis.valoy@gmail

El Nacional

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