Una de las revelaciones más sorprendentes de las últimas semanas es la cantidad de pseudo-demócratas que se han puesto el falso ropaje de constitucionalistas de último momento para protagonizar desórdenes en contra de la estabilidad institucional del Congreso Nacional, el primer poder del estado y garante de algo tan fundamental como nuestro sistema de leyes.
Fuera del escenario que escogieron para atentar contra la tranquilidad en la sede legislativa, protagonizando actos de violencia y enfrentando a autoridades militares y policiales que resguardaban la integridad del recinto, nadie los había visto hasta ahora en la pretendida posición en defensa de la Carta Magna.
En un loco afán de llamar la atención de fotógrafos, camarógrafos y reporteros que cubrían incidencias para diferentes medios, en sus rostros reflejaban una clara incitación al caos y, parece que siguiendo expresas instrucciones, no vacilaron en desafiar a quienes cumplían el deber de preservar el orden frente a la solemne sede congresual.
Enarbolando como pretendido estandarte la defensa de la Constitución, el objetivo era supuestamente impedir que se presentara un proyecto de ley para convocar la Asamblea Revisora, a los fines de reformar la Ley de Leyes y suprimir el artículo transitorio que inhabilita al presidente Medina para aspirar a una nueva repostulación de cara a las elecciones del 2020.
Si fueran verdaderos demócratas, hubieran descartado recurrir a estos disturbios, que no pueden ser calificados de otro modo, para impedir un mecanismo que la propia Constitución establece y que, una vez convocada, deja en libertad a los legisladores constituyentes de aprobar o rechazar las reformas que sean propuestas.
La manifestación encabezada por el precandidato presidencial Luis Abinader, aunque tenía el mismo propósito de defender la Constitución, se diferenció claramente de este caos que le precedió, ya que fue realizada en absoluto orden, con respeto a las unidades policiales apostadas en zona y circunscribiéndose a los límites y las vallas colocadas.
Esto garantizó que la demostración transcurriera sin ningún incidente, lo que hubiera sido posible si en los anteriores tumultos no se hubiera trazado el deliberado fin de buscar cámara y titulares en los medios, lo que no podían lograr de otro modo ante la falta de argumentaciones atendibles, porque sus promotores son amantes del caos y enemigos de la paz social.
Sin embargo, subestiman la capacidad de la población sensata para advertir la finalidad ulterior de sus oscuras acciones y su falso discurso en pro de una Constitución en la que no creen y que nunca han defendido de forma honesta y responsable.

