Opinión

De política y protestas

De política y protestas

  Nada acontece por pura casualidad. De modo que no cometeríamos ningún pecado si llegásemos a afirmar que los movimientos de protesta  tienen una misma motivación.

   En realidad, causa y efecto juegan con cierto aire de valentía, en donde los actores, primarios o secundarios, materiales o intelectuales, son los mismos como también lo son las demandas de siempre.

   Para ellos, la intención será tan válida como la premeditación.

   De hecho, algunas de las demandas presentan un dejo de insastifacción ante la realidad del momento; otras, son tan absurdas como absurdo es lo insistentemente planteado. Unas son protestas sociales, otras tienen un marcado tinte de protestas políticas dirigidas hacia un fin específico.

   Lo innegable, por verdadero y poderosamente cierto, es que estamos en un año preelectoral. ¡Bingo!

    Esa situación determinada y altamente explosiva nos conduce a la rápida conclusión del porqué comenzamos el 2011 a ritmo de agitación aquí y allá, en las mañanas y en las tardes.

   Los promotores del desorden, por naturaleza adversarios del partido del gobierno y amigos de la oposición política, desde finales del año pasado se encargaron de engrasar los motoresn. Juegan a tratar de aposicionar un supuesto creciente desprestigio gubernamental.

 De manera que la población sensata ha de revestirse de la paciencia de Job y saber que a lo largo de este año no sólo disfrutaremos de las convenciones de los partidos políticos sino que, lamentablemente, también tendremos que soportar las fastidiosas protestas callejeras.

Y no se trata de rechazar las protestas, puesto que es un derecho consagrado, lo que nos preocupa es que los protestantes no le permitan a la gran mayoría, amantes de la convivencia pacífica, transitar como Dios manda por las calles y avenidas

El Nacional

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