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De sindicalizar y despolitizar para acabar con la deseducación

De sindicalizar y despolitizar para acabar con la deseducación

La dejadez y el descuido al ejercer la autoridad que les ha sido concedida por la sociedad a muchas personas se han convertido en la causa principal por la cual la calidad de las diferentes y amplias profesiones, ha caído en la mediocridad, tirando por el suelo la credibilidad y eficiencia de muchas de ellas.

Se han convertido en profesionales cuyo ego, altivez y prepotencia, han malogrado la dignidad, honorabilidad, responsabilidad y, sobre todo, la humildad que deberían exhibir en sus diferentes desempeños, olvidando que, ante la ausencia de esta última, todo lo demás se convierte en humo.

En tanto, la sociedad brinca y se espanta ante la situación que poco a poco -no solo en este país-, se ha estado imponiendo, donde no es tanto la calidad del producto o servicio lo que desacredita la marca o profesión, sino, la baja calificación para ejercer que posee el personal, desde la dirección hasta quien debe limpiar los baños.

Este mal de fondo, sin discusión alguna, la iniciaron los políticos con sus estrategias políticas, basadas en las mentiras, llegando al hoy, donde ya lo hacen sin vergüenza alguna, siendo tan reiterativos en mentir, que ya se les hace un imposible poder distinguir entre cuando se están mintiendo a ellos mismos y mucho menos, poder reconocer la verdad o realidad aún la tengan golpeándoles en la frente.

Es decir, que el mal no estriba en la educación, si no, en la deseducación que esos “líderes”, han prodigado al través del tiempo. Nos hemos llenado de profesionales vacíos, vacíos de conocimientos y de la suficiente entereza para dirigir su rumbo hacía espacios que desde siempre se han considerado como las dotes más valiosas que debe de poseer y desarrollar el ser humano.

Ante esto, pareciese ser, que si de sindicalizamos la enseñanza y despolitizamos el accionar no profesional de los enganchados al gran negocio en el cual se ha convertido la política, quizás, solo quizás, por ahí nos encontremos el cómo desandar el mal camino en el cual hemos estado transitando desde hace un buen tiempo.

Pero, debemos de estar claros, que en medio de esta perniciosa sociedad, donde la reserva de honestidad en todos los sentidos, al parecer, se ha agotado, no se puede esperar cambio alguno, si no se produce algún hecho traumático que lo induzca, ya que, en este hoy, cualquier cortesía es catalogada como miedo o sumisión y, sin importar las buenas intenciones con que se produzca alguna recomendación, solo cabe esperar una malograda publicidad o respuestas empapadas en hiel y atiborradas de malicias, preparadas por cualquier furcia o alabardero.

Es tal y como si estuviesen siguiendo aquello que expuso el filósofo Aristóteles, sobre que: “La cizaña divide a los inocentes; la mentira protege al culpable y la manipulación confunde al ingenuo”. Estos políticos han puesto las conveniencias personales, por encima de su pregonado sacrificio para con los demás.

No les importa haber firmado uno que otro pacto fáustico para lograr sus objetivos. Es quizás, la razón por la cual padecen de un error continuo de paralaje, donde los problemas del pueblo siempre los ven desde el ángulo que les sea beneficioso a ellos, y, de ahí, la proliferación sin piedad, del gasto en publicidad que cada incumbente de quinta o sexta categoría, eroga hacia las famosas bocinas, con el único fin de publicitarse políticamente. ¡Sí señor!

Por: Rafael R. Ramírez Ferreira
rafaelelpiloto1@hotmail.com

El Nacional

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