El cambio climático, que parece ser las Diez Plagas de Egipto juntas, y que minuto a minuto, golpea inmisericordemente vastos territorios del planeta, es una amenaza tangible difícil de ignorar.
Mientras más sectores se sumen al combate en contra de esta aberración de la Naturaleza, menores serán los estragos que producirá, e igualmente mínimos se contarán los daños ocasionados por esta transformación meteorológica que sólo genera muerte, miseria y destrucción.
El anuncio hecho en Portugal por el responsable de sostenibilidad de la empresa AB Inbev, Tony Milikin de que esa importante productora de cerveza se unirá a los esfuerzos mundiales en contra del cambio climático es halagüeño y demuestra la responsabilidad empresarial del consorcio de bebidas.
Pero si la proclama de AB Inbev de sumarse a la lucha en contra del cambio climático es importante, más significativos resultan ser los argumentos esgrimidos por el ejecutivo cervecero para marchar al lado de una causa que requiere de la unidad planetaria.
El CEO de AB Inbev es consciente de que de continuar el deterioro del medio ambiente, se detallará entre sus víctimas a las grandes reservas de aguas existentes en el globo terráqueo, sobre las cuales pesa un ultimátum, teniendo como una de sus consecuencias, la desaparición del sector cervecero, pues el preciado líquido es materia prima para la fabricación de la popular bebida.
“Luchar, o desaparecer”, luce ser la consigna que motiva a esta mundialmente famosa compañía cervecera a convertirse en conmilitón de la causa ecológica que persigue llevar a su mínima expresión los desmanes que causa el cambio climático por doquier.
Parecería surrealista ver en un mismo lado a Green Peace, Vía Campesina y otras ongs que día a día hacen ingentes esfuerzos en contra del cambio climático, marchando junto a empresas que ya ven en este fenó

