La economía de un país se fortalece y se expande no solo con el buen manejo que de ella está obligado a hacer el Gobierno sino, además, con la entrega y el sacrificio de los sectores protagonistas que conforman el aparato productivo de la nación. Es el caso del sector empresarial, llamado a sustentar unas relaciones cordiales con el gobierno en aras del sostenimiento y del crecimiento de la función productiva de la sociedad.
La acumulación de riqueza de esa clase ayuda a mantener la estabilidad del aparato económico. Cuando el sector empresarial ofrece señales de crecimiento, de fortalecimiento y de expansión significa que la economía dominicana está rindiendo buenos frutos.
Esa es la percepción que tenemos lo que no somos economistas y mucho menos pertenecientes a la clase empresarial dominicana.
Ahora bien, muchos nos preguntamos qué les estará pasando a algunos empresarios con eso de solicitar subsidios y más subsidios cada vez que tienen la oportunidad de conversar con el presidente.
Porque, si ellos no lo saben, realmente esto se está convirtiendo en vicio. Es un mensaje negativo. Hay que saber que son muchas las precariedades que hoy muestran los pequeños y medianos productores, a los cuales el presidente Danilo Medina está brindándole todo el poyo posible.
Lamentablemente, algunos empresarios mantienen la creencia, a toda luz errática, de que solo con subsidios, préstamos y exoneraciones del Estado pueden ellos mover su maquinaria.
Todos estamos en la obligación de colaborar, de manera sincera, para que nuestro país continúe marchando por los senderos de progreso y sostenibilidad.
Y así las cosas, el empresariado tiene un papel fundamental, eficiente y de calidad, en estos momentos que, desde el Gobierno, se realizan esfuerzos necesarios por dejar atrás los vientos de la crisis mundial que ha venido amenazando a nuestra isla.
