Durante décadas, muchos ciudadanos de recta trayectoria han tenido que vivir sometidos en el país a una especie de chantaje de periodistas, medios y comunicadores que, faltos de ética y desprovistos de escrúpulos, han atentado contra la honra personal y la reputación de las personas haciendo imputaciones y señalamientos carentes de sustento y con datos perversamente manipulados.
La inacción de quienes eran sometidos a tales escarnios, una especie de linchamiento mediático, en muchos casos no solo producto de ligereza e imprudencia, sino de encargos o mandatos ejecutados por dinero, se debía entonces y en alguna medida aún me mantiene, al apandillamiento que existe entre comunicadores que defienden mutuamente sus tropelías.
La defensa del honor es un derecho
Carentes de principios y del más elemental sentido de respeto hacia el derecho ajeno, quienes así actúan tienden al unísono a invocar un supuesto atentado a la libertad de prensa e información cuando algún ciudadano enfrenta cualquier mentira o despropósito divulgado, ejerciendo de ese modo prerrogativas consagradas en la Constitución y leyes adjetivas.
Pero ha llegado el momento de romper con el contubernio mediático para asesinar reputaciones y en ese sentido la señora Maybeth Rodríguez ha sentado un precedente con la demanda por difamación interpuesta contra el comentarista de televisión Marino Zapete por haber formulado en su contra imputaciones que atentan contra su buena honra.
Aquellos que han salido en apoyo de Zapete y han protagonizado manifestaciones para presionar por un fallo judicial a su favor, ejerciendo de este modo una mal entendida solidaridad, por el discutible argumento de que “hoy por ti, mañana por mi” o por la inmoral proclama de grupos radicalizados, de que “un ataque a uno, un ataque a todos”, le hacen un flaco servicio al inviolable y sagrado principio de la igualdad ante la ley y a la búsqueda de la verdad real, no supuesta ni inventada, como la base esencial del periodismo serio y orientador.
Contrario a lo que sostienen los defensores de Zapete, de que con este juicio está en juego el derecho a la libre expresión, lo que se cuestiona para que termine y se sancione, es el abuso y los excesos que se cometen al difundir falsedades y manipulaciones con el deliberado propósito de dañar trayectorias basadas en una vida recta y digna.
